13 dic 2021

La cuestión nacional (I)

La situación española es tan complicada que requiere un análisis cuidadoso para poder establecer una política coherente en un terreno lleno de trampas y peligros ciertos de romper el Estado que nos aglutina desde hace siglos. Es un principio por todos aceptado que, desde los tiempos más remotos en la península ibérica han convivido diversos pueblos con sus más y sus menos: guerras, alianzas, invasiones, destrucciones y uniones. Todo lo posible, políticamente hablando, se ha dado en nuestra península, pero no se trata de hacer historia, sino de reconocer nuestro pasado en sus características principales, para poder entender así nuestro presente y los problemas que enfrentamos. 

Tomemos el caso de Cataluña y el desafío independentista lanzado al Estado desde hace una década, aunque se ha venido preparando pausadamente desde la caída de la dictadura, hace ya casi medio siglo. "Independencia" que es una manera más, por lo falsa, de denominar a una simple separación del Estado que los españoles nos hemos dado hace ya varios siglos. La "independencia" es propia de las colonias, y así se juega con las palabras para desde una perspectiva victimista lograr la complacencia y como tal la aquiesencia del mundo europeo en particular y del internacional en general. 

El separatismo ibérico, no es cosa nueva, y ni siquiera es propio de Cataluña ya que de una u otra forma no hay parte de la península dónde no hayan anidado y eventualmente triunfado tales fuerzas separatistas. Así que no hay sorpresa en tal fenómeno, ya debatido durante el siglo XX y que tuvo su momento cumbre cuando, en plena guerra civil, un grupo de catalanes decide crear un Estado propio; propósito que duró muy poco pero no por ello menos significativo. Manuel Azaña, el presidente de la Segunda República escribió palabras muy amargas sobre la falta de colaboración de la Generalitat Catalana en la empresa común para derrotar al golpe de estado franquista. 

 Lo que caracteriza al separatismo catalán contemporáneo es su falta de escrupulos que los lleva a aprovechar cualquier coyuntura jurídica de un Estado cada vez más débil para beneficiar sus propósitos, a la vez que utilizan ese mismo aparato, en las instancias en las que han logrado penetrar, vaciándolas completamente de contenido y orientándolas hacia el propósito no explicitado de la separación del Estado que las contiene. Se trata de utilizar al Estado contra el mismo Estado del que forma parte. Una artera política ya ensayada con éxito en Europa, en los años veinte en Italia y en los 30 en Alemania. 

Cómo se ha progresado en esta política consciente de sustitución de fines en las instituciones autonómicas es lo se hace imprescindible conocer para evitar las mismas trampas que con eficacia los separatistas han logrado, hasta ahora, parte de sus siniestros fines. 

Una aclaración al título de estas reflexiones. "La cuestión nacional" tiene resonancias marxistas porque Stalin escribió, antes de la Revolución bolchevique un libro desarrollando las ideas que debían sostener los comunistas frente al problema, muy presente en Rusia, entre los diversos pueblos que componen el Estado y la soberanía que debe otorgarse a éstos. 

En este análisis no se lo toma como modelo, por supuesto; lejos de cualquier tendencia marxista la "cuestión nacional" es un problema real en Europa. Problema que cada país ha sabido ocultar, negociar o reprimir según su tradición política y circunstancias locales. Por lo tanto no es solo un problema "de España", sino también de los países circundantes, aunque en nuestro país tal problema ha tomado unas características propias debido a la tradicional falta de fortaleza de nuestro Estado central. Debilidad que ni siquiera una dictadura de casi medio siglo supo encontrar remedio e incluso acentuó aún mas, si cabe, la posibilidad real de una fractura entre los pueblos que dan vida a nuestra España, aplicando una política toscamente represiva y ensalzando las virtudes de un imperio fantasma siglos ha desaparecido. 

13 oct 2021

Importancia del "sistema de votación"

Hace tiempo que pienso que parte de nuestros problemas políticos surgen de un sistema de representación que privilegia los partidos pequeños en España pero grandes en su comunidad regional. Leyendo hoy La Vanguardia, en un artículo sobre los partidos de la "España vaciada", encuentro una confirmación a mis dudas: 


"...La España vaciada puede sentirse mal representada, pero no infrarrepresentada. Teruel elige un diputado por cada 34.000 electores, y Soria uno por cada 35.000. En cambio, Barcelona necesita más de 125.000 electores para sumar un escaño; Valencia, más de 127.000, y Madrid, 129.000. Y si estas provincias de gran tamaño demográfico aplicasen el mismo prorrateo que Teruel en la adjudicación del número de escaños, su representación crecería espectacularmente: en torno a 140 escaños para Madrid (frente a los 37 actuales); algo más de 120 para Barcelona (32 en la actualidad), y más de 50 para Valencia (que ahora elige 15). Así pues, existe una España vacía y vaciada, pero que está generosamente sobrerrepresentada... " (La Vanguardia, Barcelona, 12.10.2021)


El sistema de votación que quiere "compensar" supuestas deficiencias o minusvalías sociales (o locales) parece "justo" en un primer momento... pero sus consecuencias suelen ser imprevisibles cuando no perversas, como, por ejemplo, que un partido ridiculamente minoritario dentro de la masa de votantes sea determinante para aprobar leyes esenciales, como el presupuesto del país. Esta distribución desigual del valor del voto es un provocador de desestabilización y de pervertir la importancia de las ideas políticas en la nación: los grupos más minoritarios pasan a ser claves cuando los grandes partidos están relativamente igualados pero sin alcanzar la mayoría absoluta ¡Todo un absurdo que se convierte en NORMAL! Y que, para colmo, produce un efecto aún más perverso: la población de nuestro Estado termina por olvidar el valor diferencial del voto y percibe, inconscientemente, una situación FALSA: la distribución de los partidos políticos en los órganos representativos como ¡DEMOCRÁTICA! cuando en verdad solo existe una democracia COMPENSADA, cuando no directamente TORCIDA.

5 jul 2021

Partido y Facción

 "Claro que los miembros delos partidos no son altruístas y la existencia de los partidos no elimina en absoluto las motivaciones egoístas y sin escrúpulos. Los impulsos de búsqueda del poder por parte de los políticos son constantes. Aunque el político de partido esté motivado por el egoísmo más primario, su comportamiento debe -si las presiones del sistema son operacionales- ser diferentes de la motivación. La diferencia, pues, es que los partidos SON INSTRUMENTOS PARA LOGRAR BENEFICIOS COLECTIVOS, para lograr un fin que no es meramente el beneficio privado de los combatientes. Los partidos vinculan al pueblo a un gobierno, cosa que no hacen las facciones. Los partidos realzan una serie de capacidades del sistema, cosa que no hacen las facciones. En resumen, los partidos son órganos funcionales -sirven para unos fines y desempeñan unas funciones-, cosas que no son las facciones. A fin de cuentas ello ocurre porque un partido es una parte de un todo que trata de servir a los fines del todo, mientras que una facción no es sino una parte consagrada a sí misma. Claro que los partidos pueden ser disfuncionales, y por eso también los partidos están sometidos a fuertes críticas; pero no a la crítica aplicable a las facciones: falta de justificación funcional."

El texto citado pertenece al libro de Giovanni Sartori, "Partidos y Sistemas de Partidos", Alianza Editorial, 2019. Edición original en inglés 1976. Sartori considera que la degeneración del sistema de partidos lleva a una etapa anterior, históricamente considerada, que consiste en la simple lucha de facciones que combaten para obtener sus fines particularistas, no de la sociedad en que viven. 

6 jun 2021

Sobre la Industria Política. III.

¿Cómo ha aparecido el político profesional en la historia?

Siempre los ha habido, desde que se tenga noticias, pero éstos o eran caudillos militares o reyes, o ambas cosas. También podrían haber provenido del campo de la religión, aunque son muchos menos, en la historia. En la Edad Contemporánea el politico profesional surge de las necesidades de un sistema "democrático", con elecciones periódicas, y de la simultánea necesidad de que existan personas disponibles y una mayoría de personas que no se interesen por intervenir directamente en las cuestiones de gobierno. O con otras palabras, tiene que haber una minoría de personas dispuestas a gobernar y que se presenten regularmente a las elecciones para poder disponer así de los puestos que desean. 

En este proceso el político democrático surge primero y posteriormente se desarrollan los partidos. Hay grandes diferencias entre los países. En algunos, como en EEUU o G.B. loa partidos son solo la estructura que necesitan los candidatos para poder participar en las elecciones; en otros, como en Europa continental, los partidos forman verdaderas estructuras de poder siendo los políticos dependientes de éstas. Hay casos intermedios dónde el poder personal y el poder del partido político correspondiente se apoyan mutuamente, y no está muy claro quién es el que posee el poder de la última decisión.

En el caso español la parte dominante es el Partido político, y las personas adquieren el poder máximo en tanto son capaces de controlar el aparato del Partido; por lo tanto, la Industria Política está íntimamente ligada a la existencia de Partidos consolidados, con capacidad para subsistir en los períodos en que carecen del poder político que surge de la victoria en las elecciones.

Hay que hacer notar un hecho que puede pasar desapercibido: la Industria Política no se reconoce como tal. Siendo una actividad que está ligada a la discusión de ideas sobre lo que debe hacer el Estado, y a la representatividad que se supone tienen los políticos por el hecho mágico de haber ganado como candidatos de un partido político, aceptar que existe tal "industria" sería negar el mito romántico del político que se encumbra solo, por sus méritos personales y que ocupa el poder gracias a su personalidad empática con los problemas de sus conciudadanos. Por lo tanto el verdadero carácter de la Industria Política permanece en la sombra y no es objeto de análisis; y si lo fuera, sería considerado discutible por su misma existencia. Sucede igual con la Industria Religiosa que está sujeta mitos y también un análisis similar sería condenado como improcedente, sesgado y sobre todo anti religioso.  

Sobre la Industria Política II

 El Estado contemporáneo, heredero de las monarquías de los siglos dela Edad Moderna, perfecciona la cuestión clave de quién ejerce EL PODER en una sociedad estable, proporcionando la estabilidad y la legitimidad que se requieren en una sociedad actual. El Estado contemporáneo también se basa en la fuerza, fundamentalmente militar, ejerciendo una hegemonía ampliamente aceptada por todos los habitantes de su territorio. El Estado establece un sistema de lealtades, complicidades y compromisos que resulta, como un todo, menos personal que el de las épocas monárquicas y siendo también más invisible no por ello renuncia a rituales ceremoniales que le dan una consistencia más real, a los ojos de sus ciudadanos. 

El nuevo Estado, ha necesitado de la creación de un funcionariado preparado y estable para manejar la infinidad de 'oficinas' que ha creado. Estos funcionarios son empleados del Estado y ocupan todos los puestos de nivel secundario que la organización necesita; los más importantes, cruciales por las decisiones que deben tomarse en el plano político, son reservadas a un grupo especial: los políticos que han ganado las elecciones para ocupar tales cargos. Aparece así una nueva profesión: la del político profesional, que dedica gran parte sino toda su vida laboral útil al servicio del Estado, con la única reserva de los períodos en que, por no haber ganado las elecciones, queda restringido a ocupar puestos en su partido político o a volver temporalmente a la actividad privada. Actividad que es secundaria, en tanto está dispuesto a dejarla no bien se reabra la posibilidad de volver a ocupar un cargo público.


Sobre la Industria Política. I.

 Entiendo por Industria Política aquella actividad que se identifica por ocupar los puestos de dirección de un Estado, en cualquiera de sus niveles; desde los Ayuntamientos municipales hasta los Ministerios del país en cuestión.

El Estado contemporáneo, tiene una organización burocrática. Es el gobiernos de los "buró", de las "oficinas" que gestionan todos los asuntos que el Estado, en un acto de fuerza bruta inicial, decidió que eran cosa suya.

Nadie está en condiciones de discutir lo que el Estado está considerando como "cosa propia", por ejemplo, el monopolio de la fuerza armada, o el correo o la educación o la gestión de impuestos. El Estado puede, si quiere, graciosamente, compartir algunas de estas actividades con los civiles, con los habitantes del lugar dónde domina; pero es una gracia que cambia con los tiempos y que puede retirarse si el Estado cambia su opinión. 

El Estado, para mantener en pie todas esas actividades propias, crea un amplio tramado de oficinas, y al frente de ellas coloca una clase particular de funcionarios: los políticos. Éstos son una 'clase particular' porque no pertenecen al cuadro de funcionarios estables y suelen durar en sus puestos lo que el gobierno de turno permita o pueda. Cuándo tales 'funcionarios' no participan del gobierno se ganan la vida dependiendo de los partidos a que pertenecen. Son como sacerdotes sin parroquia asignada. Están en receso y son financiados por su partido o incluso pueden volver a la actividad privada, fuera de los puestos del Estado; pero esa labor es solo temporal, hasta que el partido logra ganar las nuevas elecciones y recupera el poder o parte de éste.

Se crea así un cuerpo especial de funcionarios transitorios, o semifuncionarios, como quiera llamárselos. Son, en realidad, profesionales de la política y sus actividades conforman lo que podría llamarse la Industria Política en tanto viven de ella la mayor parte de su tiempo vital. Profesión que les permite crear una familia, mantenerla y adquirir las posesiones que sus salarios les permitan. Esta Industria es tal porque produce un bien invisible pero esencial: aportar las personas que están encargadas de dirigir todos los órganos del Estado. Si no existiera tal Estado no existirian esta clase de actividades ni sería posible contar con ellas para convertirse en un profesional, similar a cualquier otro que trabaje en el sector privado.


15 feb 2020

De cuando equivocándonos... acertamos

Uno piensa y cuando se piensa a fondo... termina uno por descubrir un fenómeno misterioso: que es tan fácil y sencillo lo que se ha obtenido que cualquiera puede llegar a la misma respuesta en tiempo mucho más corto.

Es un grave error, pero caemos en él una y otra vez sin apercibirnos de ello. No es cuestión personal, algo que, podría uno decir, sólo me ocurre a mí; o algunos tontos parecidos a mí que ruedan en este ancho mundo ¡no! ¡no es así!

Todos los humanos repetimos la misma historia sin saberlo: que el conocimiento que uno tiene de las cosas es ampliamente compartido y que sí alguien no lo comparte o es tonto o es hombre de mala fe.

Así repetimos, una y otra vez, con impulso machacón y obsesivo "nuestras verdades" a orejas ajenas; estando persuadidos de que con una repetición más los demás comprenderán cabalmente nuestro razonamiento y retornarán contentos al camino de la verdad.

¡No es así! me repito a mi mismo varias veces, a ver si esta experiencia me termino de creerla: a lo que yo llego... puede ser un terreno inexplorado o puede ser tremendamente difícil para otra persona no menos inteligente que uno, pero con intereses muy dispares.

Y por último otra pequeña realidad que va unida a la anteriormente descripta: las coincidencias, en el plano del pensamiento, que podemos tener con los demás... suelen ser causadas por la unión de la impaciencia y la apariencia. Sí. Cuándo oímos algo "parecido" a lo que pensamos, si no es enemigo, entonces concluimos que es "lo mismo" que nosotros creemos. Así se tejen muchos acuerdos, para suerte de la convivencia humana.


HISTORIA NATURALDE LA DIVERSIDAD CRISTIANA. TERCERA PARTE. CAPÍTULO 13. Ninguna permanencia es permanente

En el capítulo anterior hemos intentado comprender cómo una Iglesia consigue algo que, contemplado a escala histórica, resulta extraordinari...