Sobre la Industria Política II
El Estado contemporáneo, heredero de las monarquías de los siglos dela Edad Moderna, perfecciona la cuestión clave de quién ejerce EL PODER en una sociedad estable, proporcionando la estabilidad y la legitimidad que se requieren en una sociedad actual. El Estado contemporáneo también se basa en la fuerza, fundamentalmente militar, ejerciendo una hegemonía ampliamente aceptada por todos los habitantes de su territorio. El Estado establece un sistema de lealtades, complicidades y compromisos que resulta, como un todo, menos personal que el de las épocas monárquicas y siendo también más invisible no por ello renuncia a rituales ceremoniales que le dan una consistencia más real, a los ojos de sus ciudadanos.
El nuevo Estado, ha necesitado de la creación de un funcionariado preparado y estable para manejar la infinidad de 'oficinas' que ha creado. Estos funcionarios son empleados del Estado y ocupan todos los puestos de nivel secundario que la organización necesita; los más importantes, cruciales por las decisiones que deben tomarse en el plano político, son reservadas a un grupo especial: los políticos que han ganado las elecciones para ocupar tales cargos. Aparece así una nueva profesión: la del político profesional, que dedica gran parte sino toda su vida laboral útil al servicio del Estado, con la única reserva de los períodos en que, por no haber ganado las elecciones, queda restringido a ocupar puestos en su partido político o a volver temporalmente a la actividad privada. Actividad que es secundaria, en tanto está dispuesto a dejarla no bien se reabra la posibilidad de volver a ocupar un cargo público.
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