25 dic 2021

El poder de los grandes consorcios internacionales

Tengo la costumbre de revisar viejas revistas porque siempre encuentro algo de interés completamente olvidado, y es así que hace unos días hojeaba "Investigación y Ciencia", que es la edición española de Scientific American, de mayo del 2012.  De pronto me encontré con un pequeño artículo que solo ocupaba una carilla de la citada publicación, perdido entre otros de neurociencia, física o astronomía. 

El artículo en cuestión tiene el siguiente título: "Una epidemia de falsos positivos", y como subtítulo: "La competencia los conflictos de intereses distorsionan demasiado hallazgos médicos". Lo escribe un tal John P. A: Ioannidis, que, leo, "ocupa la cátedra C. F. Rehnborg de prevención de enfermedades en la facultad de medicina de la Universidad Stanford. También allí dirige el Centro de Investigación para la Prevención, e imparte clases de medicina y de investigación y política sanitaria".

Coloco todos estos datos para que se pueda evaluar la fuente de los siguientes comentarios y para que se entienda 'quién es' y que, por lo menos, tiene alguna idea de lo que habla.  Pues bien luego de leerlo lo primero que me llama la atención es la soledad del tema. La revista acostumbra a poner varios artículos cuando la cuestión es importante, tanto en el mismo número como en otros anteriores o siguientes. Éste no es así, no encontré nada parecido en otros números. Supongo que con publicarlo habrán considerado que ya era suficiente en tanto mantener una posición de seriedad y neutralidad en cuestiones tan espinosas.

¿Y qué dice este señor? Afirma que en: 

"numerosos estudios que reivindican el beneficio de algún fármaco o tratamiento han resultado NO SER CIERTOS". (El subrayado es mío) y a continuación lo fundamenta: "...Solo hay que echar un vistazo a los hallazgos contradictorios sobre los betacarotenos, la vitamina E, las terapias hormonales, el analgésico Vioxx y el antidiabético Avandia. Incluso cuando los efectos se han demostrado, estos resultan ser más débiles de lo anunciado."

El problema es mayúsculo porque abarca los principales laboratorios de nuestro mundo y penetra profundamente, también, en el mundo universitario y científico como escribe el autor 

"... En el ámbito médico, los estudios se realizan con frecuencia a instancia de las empresas con un gran interés económico en los resultados. Incluso para los académicos, el éxito depende a menudo de la publicación de datos positivos."

Ahora que vivimos una gran pandemia que va para los dos años muchas voces empiezan a cuestionar las afirmaciones que se han hecho, tanto de los grandes laboratorios como de los gobiernos que han repetido lo que sus autoridades científicas explicaron en su momento, aunque agregando -todo hay que decirlo- que solo eran datos provisionales, como corresponde a un científico expresarlo. No se trata aquí de las teorías absurdas de los antivacunas, sino de críticas frente a afirmaciones sucesivas que se dan como absolutas por parte de los gobiernos y luego donde dije digo digo Diego; como la vigencia de unas vacunas que ahora aparecen como perecederas en el corto tiempo y donde la inmunidad que otorgan no deja de ser tan limitada que los vacunados pueden seguir infectado a los demás. Lejos estamos de aquellas vacunas que daban la seguridad suficiente a aquellos que las recibían, como así se logró erradicar la viruela y otras enfermedades ahora prácticamente desconocidas.

Este médico explica que 

"....los grandes consorcios internacionales se están convirtiendo en algo habitual en epidemiología; publicaciones como Annals of Internal Medicine y Journal of the American Medical Association piden a los autores que describan las limitaciones del estudio", pero es una práctica que no se sigue porque, como dice el mismo autor: "... los resultados se notifican en forma selectiva: se destacan los más llamativos. Y las personas ajenas a la investigación no suelen tener acceso a los datos necesarios para repetir los estudios."

El Dr. Ioannidis no duda en calificar contundentemente lo que está sucediendo en materia farmacéutica: "... la situación actual es vergonzosa". Y uno, que en principio tiene a la duda como una regla que forma parte del método científico, no puede menos que inquietarse frente al poder del dinero aplicado a la salud pública. Sobre todo cuando tenemos gobiernos tan ineptos que no dudan en seguir cualquier recomendación siempre que provenga de los grandes centros de poder mundial. Habría mucho que decir sobre las dudas que los ciudadanos empezamos a tener sobre esta situación. Esto es solo un aperitivo.  


Los datos citados están extraídos de la revista "Investigación y Ciencia", número 428, Mayo 2012, página 39.

13 dic 2021

La cuestión nacional (I)

La situación española es tan complicada que requiere un análisis cuidadoso para poder establecer una política coherente en un terreno lleno de trampas y peligros ciertos de romper el Estado que nos aglutina desde hace siglos. Es un principio por todos aceptado que, desde los tiempos más remotos en la península ibérica han convivido diversos pueblos con sus más y sus menos: guerras, alianzas, invasiones, destrucciones y uniones. Todo lo posible, políticamente hablando, se ha dado en nuestra península, pero no se trata de hacer historia, sino de reconocer nuestro pasado en sus características principales, para poder entender así nuestro presente y los problemas que enfrentamos. 

Tomemos el caso de Cataluña y el desafío independentista lanzado al Estado desde hace una década, aunque se ha venido preparando pausadamente desde la caída de la dictadura, hace ya casi medio siglo. "Independencia" que es una manera más, por lo falsa, de denominar a una simple separación del Estado que los españoles nos hemos dado hace ya varios siglos. La "independencia" es propia de las colonias, y así se juega con las palabras para desde una perspectiva victimista lograr la complacencia y como tal la aquiesencia del mundo europeo en particular y del internacional en general. 

El separatismo ibérico, no es cosa nueva, y ni siquiera es propio de Cataluña ya que de una u otra forma no hay parte de la península dónde no hayan anidado y eventualmente triunfado tales fuerzas separatistas. Así que no hay sorpresa en tal fenómeno, ya debatido durante el siglo XX y que tuvo su momento cumbre cuando, en plena guerra civil, un grupo de catalanes decide crear un Estado propio; propósito que duró muy poco pero no por ello menos significativo. Manuel Azaña, el presidente de la Segunda República escribió palabras muy amargas sobre la falta de colaboración de la Generalitat Catalana en la empresa común para derrotar al golpe de estado franquista. 

 Lo que caracteriza al separatismo catalán contemporáneo es su falta de escrupulos que los lleva a aprovechar cualquier coyuntura jurídica de un Estado cada vez más débil para beneficiar sus propósitos, a la vez que utilizan ese mismo aparato, en las instancias en las que han logrado penetrar, vaciándolas completamente de contenido y orientándolas hacia el propósito no explicitado de la separación del Estado que las contiene. Se trata de utilizar al Estado contra el mismo Estado del que forma parte. Una artera política ya ensayada con éxito en Europa, en los años veinte en Italia y en los 30 en Alemania. 

Cómo se ha progresado en esta política consciente de sustitución de fines en las instituciones autonómicas es lo se hace imprescindible conocer para evitar las mismas trampas que con eficacia los separatistas han logrado, hasta ahora, parte de sus siniestros fines. 

Una aclaración al título de estas reflexiones. "La cuestión nacional" tiene resonancias marxistas porque Stalin escribió, antes de la Revolución bolchevique un libro desarrollando las ideas que debían sostener los comunistas frente al problema, muy presente en Rusia, entre los diversos pueblos que componen el Estado y la soberanía que debe otorgarse a éstos. 

En este análisis no se lo toma como modelo, por supuesto; lejos de cualquier tendencia marxista la "cuestión nacional" es un problema real en Europa. Problema que cada país ha sabido ocultar, negociar o reprimir según su tradición política y circunstancias locales. Por lo tanto no es solo un problema "de España", sino también de los países circundantes, aunque en nuestro país tal problema ha tomado unas características propias debido a la tradicional falta de fortaleza de nuestro Estado central. Debilidad que ni siquiera una dictadura de casi medio siglo supo encontrar remedio e incluso acentuó aún mas, si cabe, la posibilidad real de una fractura entre los pueblos que dan vida a nuestra España, aplicando una política toscamente represiva y ensalzando las virtudes de un imperio fantasma siglos ha desaparecido. 

HISTORIA NATURAL DE LA DIVERSIDAD CRISTIANA. TERCERA PARTE. CAPÍTULO 11. ¿Qué es lo que persiste cuando una Iglesia persiste?

Una vez que una tradición religiosa ha arraigado durante generaciones, ¿qué mecanismos sociales permiten que sobreviva incluso a la destrucc...