El poder de los grandes consorcios internacionales

Tengo la costumbre de revisar viejas revistas porque siempre encuentro algo de interés completamente olvidado, y es así que hace unos días hojeaba "Investigación y Ciencia", que es la edición española de Scientific American, de mayo del 2012.  De pronto me encontré con un pequeño artículo que solo ocupaba una carilla de la citada publicación, perdido entre otros de neurociencia, física o astronomía. 

El artículo en cuestión tiene el siguiente título: "Una epidemia de falsos positivos", y como subtítulo: "La competencia los conflictos de intereses distorsionan demasiado hallazgos médicos". Lo escribe un tal John P. A: Ioannidis, que, leo, "ocupa la cátedra C. F. Rehnborg de prevención de enfermedades en la facultad de medicina de la Universidad Stanford. También allí dirige el Centro de Investigación para la Prevención, e imparte clases de medicina y de investigación y política sanitaria".

Coloco todos estos datos para que se pueda evaluar la fuente de los siguientes comentarios y para que se entienda 'quién es' y que, por lo menos, tiene alguna idea de lo que habla.  Pues bien luego de leerlo lo primero que me llama la atención es la soledad del tema. La revista acostumbra a poner varios artículos cuando la cuestión es importante, tanto en el mismo número como en otros anteriores o siguientes. Éste no es así, no encontré nada parecido en otros números. Supongo que con publicarlo habrán considerado que ya era suficiente en tanto mantener una posición de seriedad y neutralidad en cuestiones tan espinosas.

¿Y qué dice este señor? Afirma que en: 

"numerosos estudios que reivindican el beneficio de algún fármaco o tratamiento han resultado NO SER CIERTOS". (El subrayado es mío) y a continuación lo fundamenta: "...Solo hay que echar un vistazo a los hallazgos contradictorios sobre los betacarotenos, la vitamina E, las terapias hormonales, el analgésico Vioxx y el antidiabético Avandia. Incluso cuando los efectos se han demostrado, estos resultan ser más débiles de lo anunciado."

El problema es mayúsculo porque abarca los principales laboratorios de nuestro mundo y penetra profundamente, también, en el mundo universitario y científico como escribe el autor 

"... En el ámbito médico, los estudios se realizan con frecuencia a instancia de las empresas con un gran interés económico en los resultados. Incluso para los académicos, el éxito depende a menudo de la publicación de datos positivos."

Ahora que vivimos una gran pandemia que va para los dos años muchas voces empiezan a cuestionar las afirmaciones que se han hecho, tanto de los grandes laboratorios como de los gobiernos que han repetido lo que sus autoridades científicas explicaron en su momento, aunque agregando -todo hay que decirlo- que solo eran datos provisionales, como corresponde a un científico expresarlo. No se trata aquí de las teorías absurdas de los antivacunas, sino de críticas frente a afirmaciones sucesivas que se dan como absolutas por parte de los gobiernos y luego donde dije digo digo Diego; como la vigencia de unas vacunas que ahora aparecen como perecederas en el corto tiempo y donde la inmunidad que otorgan no deja de ser tan limitada que los vacunados pueden seguir infectado a los demás. Lejos estamos de aquellas vacunas que daban la seguridad suficiente a aquellos que las recibían, como así se logró erradicar la viruela y otras enfermedades ahora prácticamente desconocidas.

Este médico explica que 

"....los grandes consorcios internacionales se están convirtiendo en algo habitual en epidemiología; publicaciones como Annals of Internal Medicine y Journal of the American Medical Association piden a los autores que describan las limitaciones del estudio", pero es una práctica que no se sigue porque, como dice el mismo autor: "... los resultados se notifican en forma selectiva: se destacan los más llamativos. Y las personas ajenas a la investigación no suelen tener acceso a los datos necesarios para repetir los estudios."

El Dr. Ioannidis no duda en calificar contundentemente lo que está sucediendo en materia farmacéutica: "... la situación actual es vergonzosa". Y uno, que en principio tiene a la duda como una regla que forma parte del método científico, no puede menos que inquietarse frente al poder del dinero aplicado a la salud pública. Sobre todo cuando tenemos gobiernos tan ineptos que no dudan en seguir cualquier recomendación siempre que provenga de los grandes centros de poder mundial. Habría mucho que decir sobre las dudas que los ciudadanos empezamos a tener sobre esta situación. Esto es solo un aperitivo.  


Los datos citados están extraídos de la revista "Investigación y Ciencia", número 428, Mayo 2012, página 39.

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