Cap. 3: Una historia natural de algunos profetas. De Jesús a Marx. Un enigma envuelto en un misterio

JESÚS, Una perspectiva humana


Índice

1 Para una crítica de Jesús

1.1 Un siglo profético

2 Un hombre común, poco común

3 Jesús: un enigma dentro de un misterio 

4 Bibliografía

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1 Para una crítica de Jesús


“Desde luego, identificar los orígenes de una empresa intelectual es con frecuencia una tarea notoriamente ardua, y la investigación sobre Jesús no es una excepción. En este caso, la dificultad se incrementa porque, en una sociedad sometida durante siglos a la censura eclesiástica, cualquier concepción desmitificadora del personaje acarreaba peligros de toda índole, desde confiscación de obras y encarcelamiento hasta la ejecución, lo que implica que los discursos sobre Jesús no pudieron generarse en libertad durante muchos siglos. Hasta tal punto es así, que incluso a comienzos de la época moderna fueron el resultado de una transacción entre lo que se quería y lo que se podía decir, obligando a sus autores a multiplicar las cautelas. En tales circunstancias, una reconstrucción de la historia de este fenómeno solo puede tener un carácter tentativo. Aun así, dado que se detectan rastros de una aproximación crítica a la figura de Jesús desde la Antigüedad, conviene intentar registrarlos y determinar su lugar y su sentido, tanto más cuanto que han sido escamoteados durante mucho tiempo.” (056BJN, 531)


Escribir sobre Jesús es una tarea inagotable y siempre, siempre, redundante porque ya se ha dicho todo lo que puede pensarse sobre él. Son miles y miles de libros que lo tratan desde todos los puntos de vista, aunque muchos se han perdido por ser quemados o destruídos por herejes, y ni dedicando toda una vida a su estudio se podrá agotar la cantidad de análisis que se han escrito. No obstante para mí Jesús se puede comprender por analogía, suponiendo que se parece a otros hombres importantes que en la historia han sido. El razonamiento es sencillo: no existe el más allá, entendido éste como una especie de mundo, o cielo, habitado por seres con poderes especiales y en los que las leyes de la naturaleza, tal como las conocemos, no son válidas. Por lo tanto Jesús puede ser o no un hombre excepcional, pero al margen de sus cualidades no puede tener ninguna relación con un mundo extraterreno, celeste... y tal cosa solo es producto de la imaginación humana. 


Dicho lo cual aquí me veo obligado a reparar en otro elemento importante en la investigación sobre Jesús, muchos historiadores ya han dado abundantes datos, pero me falta una síntesis necesaria para comprender la mentalidad de los humanos en el siglo Iº. Qué es lo que aceptaban aquellos hombres, que ponían en duda o sometían a prueba, y que rechazaban como fraude o engaño. Lo sobrenatural era para ellos natural y no existía el abismo infranqueable que se da veinte siglos después. Así también se aceptaban los profetas, aquellos capaces de avizorar el futuro y dar la alarma sobre los efectos del pecado en los habitantes de las ciudades. Un futuro que de ser posible de entrever ya está dado, y no es completamente abierto. De tal futuro se podría decir, con metáfora literaria, que "está escrito". Tengase en cuenta este detalle nada pequeño: no hay profetas si el futuro, por serlo, está completamente abierto. Ahora solo queda un pálido reflejo de aquellos hombres, cuyos contemporáneos dotaba de la autoridad para interpretar un futuro invisible para la mayoría de ellos; un futuro al que percibían "como escrito". 


Dios, Jehová, Elohín, es el dios personal e intransferible de los judíos. Igualmente los dioses griegos, que habitaban el monte Olimpo, lo mismo que ellos el dios hebreo también estaba dotado de pasiones muy humanas, como la ira, el desprecio, o el contento cuando se tienen seguidores dóciles que hacen todo lo que él, Dios, desea. Jehová es el dios que cuida y protege a los judíos, solo a este pueblo; los demás pueblos también tienen dioses (y los judíos así lo reconocían), pero carecían del poder y la idiosincracia de Jehová. Por lo tanto de lo antedicho se desprendía que los judíos por tener un dios especial también debían a éste obligaciones que iban más allá de lo que los gentiles tenían con los suyos. .


Uno recuerda a Stephen Fry (1DJA, 13) cuando escribe "-¿Crees en Dios? -Menuda pregunta... ¿Qué dios? ¿Ganesh? ¿Osiris? ¿Júpiter? ¿Jehová? ¿O en uno de los miles de dioses animistas que se veneran a diario por todo el planeta?" Los judíos tenían este problema resuelto. No hay más dios que Jehová, y todos los demás, que también existen, no tienen ni su poder ni su capacidad de influir en los asuntos humanos. Los cristianos heredaron la misma convicción sobre su dios, y los musulmanes, a su vez, repitieron la misma fórmula con la misma convicción


Para alguien que vive en el siglo XXI es incomprensible la existencia de un Dios tan nacionalista, limitado y excluyente. El cristianismo, al que mentalmente estamos acostumbrados, con su mensaje ecuménico, católico, llega a todo el universo habitable. Pero el dios judío era otra cosa: un dios personal: solo para judíos. 


Volviendo al siglo 1 es extraordinario que en una lonja estrecha de tierra semi desértica, el territorio de Judea, se haya concentrado un fenómeno tan singular e importante en la historia reciente de nuestra especie. De allí que podría resultar muy importante estudiar más a fondo la mentalidad de este siglo en estos lugares para entender a Jesús, a su vida, su mensaje y su muerte, y a todo la sociedad antigua posterior que hizo crecer una religión en principio minúscula pero que ha llegado a ser la predominante en nuestro mundo


La mentalidad de la época crea mesías o los rechaza, modelándolos sobre las preocupaciones y los deseos de su tiempo; y sin saber nada de aquella manera de concebir el mundo tendríamos serias dificultades para comprender lo que pasó. Además el cristianismo no se implantó sin una dura lucha con las otras creencias de la época. Hay noticias, por escritores del siglo, que los cristianos causaron indignación por sus ideas, y que la mayoría las rechazaba por inverosímiles, aunque los supuestos milagros no fueran igualmente objetados. Tal cosa se debía a que éstos contrariaban las creencias aceptadas, pero ¿cuáles eran esas creencias? Una de ellas consiste en la no aceptación de ideas como que los pobres heredaran la tierra y que no hay más dioses que Jesús, su padre y un espíritu santo que nadie sabía bien como interpretar. 


Sin embargo uno se pregunta como fue posible que, en un momento dado, algunos pasaran de gentiles a creyentes sin más esfuerzo que decidirse a ello. Hasta que el cristianismo no se hizo la religión del Imperio, tres siglos después, solo la elección personal era el factor esencial (luego ya vinieron otras razones para explicar la cristianización posterior), por lo tanto la mentalidad de las personas es el tema clave para comprender no solo la aceptación de Jesús sino sobre todo la aceptación de los milagros, curaciones extraordinarias y el acto de resucitar entre los muertos, hecho que me parece el más espectacular de todos. Ya lo dijo Pablo de Tarso, si no aceptamos la resurrección del Señor nuestra creencia será completamente vana. Pero el razonamiento de Pablo peca de superficial y tal cosa se muestra en que, una vez aceptada la divinidad de Jesucristo, la resurrección en sí es una cuestión menor: Dios no puede morir; obviamente tampoco su hijo directo y consustanciado con éste. 


Pero no solo la resurrección es decisiva en la creencia de los primeros cristianos. Hay otro elemento, ahora olvidado, que fue fundamental: Jesús y sus seguidores estaban convencidos de que el mundo se acababa y llegaba la hora del juicio final; el pensamiento que los informaba era apocalíptico, es decir la convicción de que no solo acababa una época sino que se acababa el mundo.


“… el mensaje central de la apocalíptica se resume en estas palabras: “la hora ha llegado”. Todas las demás características (cálculos, predicciones, pronósticos, visiones y enigmas) resultan secundarios en comparación con este convencimiento de que el tiempo es breve y el fin irrumpirá rápidamente.” (1SMA, 36)


El teólogo Hans Küng lo cuenta así: 


"Tenemos varios textos bastante incómodos que muestran que también Jesús espero el reino de Dios para un tiempo muy inmediato. Con su actuación había comenzado ya el tiempo final. En su poco vistoso hablar y hacer, en su palabra que proclamará a los pobres y desdichados, a los que lloran, a los pisoteados, y en sus acciones carismáticas que reconfortan a los enfermos y los que se han hecho culpables, se anuncia el esperado reino donde culpa, sufrimiento y muerte ya no tendrán lugar." (1KCE, 84)


Luego Pablo tuvo que hacer diversas reflexiones para encajar tal visión con una evidente postergación del final del mundo, pero esta perspectiva apocalíptica fue un elemento esencial en la reunión de multitudes en torno a Jesús. Esto es algo que ningún teólogo discute. 



1.1 Un siglo profético


No obstante, según información que hemos acumulado, Jesús no fue el único profeta y candidato a mesías en la antigüedad; capaz de hacer milagros, expulsar demonios del cuerpo y y resucitar a los muertos; desde el siglo menos 1 antes de nuestra era hasta el 2 de la nuestra fueron muchos los que hicieron milagros e incluso los apóstoles fueron capaces de resucitar cadáveres como se cuenta en Los Hechos. (1)


El libro "Los competidores de Jesucristo" de Gustavo Vázquez Lozano, se pasa revista a algunos que fueron tan famosos en esos años, como el mismo Jesús, pero que luego quedaron borrados de la historia. Ellos no tuvieron un Pablo que difundiese por todos los caminos la buena nueva. 


Algunos de estos "hombres de portento" como solían ser llamados son citados por Flavio Josefo el historiador judío romano, como Jesús Ben Ananías, contemporáneo de Jesús aunque se destacó veinte años después como hacedor de milagros y línea directa con el Señor, muerto por una piedra lanzada por los romanos en el sitio de Jerusalen; también está Juan el Bautista, hombre que arrastraba multitudes y que fue llorado muchos años después de su asesinato, o Simón el Mago, citado en los evangelios como opositor a Jesús y también dependiente de él. Los milagros de Simón eran llamados de otro modo, actos de magia o hechicería, o sea el el lado malo de sobrenatural.


Jesús mismo era consciente de la existencia de otros hombres con poderes extraordinarios tal como figura en el Evangelio de Lucas, 9, 49-50. "Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto a uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos porque no sigue con nosotros. Jesús le dijo: No se lo prohibáis porque el que es contra nosotros, por nosotros es."


Curiosamente muchos de estos profetas también venía de Galilea, la tierra natal de Jesús, lo cual habla de la mucha efervescencia que por ese entonces había en estas regiones de Judea. Los judíos no se resignaban, a diferencia de los pueblos vecinos, con la dominación romana que traía, además, la imposición de dioses ajenos. Los profetas surgían cada tantos años y arrastraban multitudes; todos esperanzados de que los liberaran de los paganos romanos y su implacables impuestos.


Jesús mismo fue consciente de tal competencia profética, y quizá intuyó su fracaso cuando pronuncio aquellas palabras: 


"De cierto os digo, que ningún profeta es aceptado en su propia tierra"

Lucas, 4:24. (versión Reina Valera. 1960)


Sí, contra lo que se nos dice en los púlpitos, Jesús fracasó en Judea porque no logró cambiar el modo de pensar de sus contemporáneos judíos. Solo gracias a Pablo de Tarso su prédica se extendió hacia los gentiles, y paradójicamente termino triunfando en Roma, el Imperio que lo había crucificado. 


(1) Hablando estrictamente los profetas similares a Jesús fueron multitud en la historia y abundaron no solo entre los judíos, y luego los cristianos (condenados, por supuesto, como herejes) sino también en el Islam. Vease la narración que hace Tom Holland del desarrollo del Islam a partir del siglo VIII y como surgieron en el mundo musulman varios profetas que a la manera de Muhammad se consideraban enviados directos de Dios para predicar una nueva religión. Tales profetas fueron tratados de la misma forma que en el mundo cristiano, o sea con la pena capital (6HSE). Lo extraordinario no es la existencia de estos hombres que surgen de las sombras y que se autodenominan profetas, ya que fueron más comunes de lo que suponemos ingenuamente, sino que llegaran a triunfar, es decir a imponer sus creencias aunque en algunos casos fuera después de su muerte. 




2 Un hombre común, poco común. 


La historia de Jesús no es tan extraordinaria, única e irrepetible, como hemos terminado por creerlo así en el mundo cristiano. Ha habido muchos parecidos, y algunos, muy pocos, han originado nuevas religiones. Fueron hombres excepcionales, todos, los que tuvieron éxito y los que fracasaron; los que son conocidos y los que solo son registrados por historiadores especializados. Queda para la historia, la antropología y la psicología del futuro establecer como puede darse esta clase de personas y en que condiciones sociales e históricas pueden llegar a hacerse famosos. 


Desde el punto de vista del creyente, que en esta monografía no he seguido, Jesús es el alfa y el omega de la religión cristiana, y periódicamente, desde hace siglos, teólogos, papas, obispos y escritores católicos insisten en volver la mirada hacia Jesús, sus enseñanzas y su sacrificio, como forma de evitar las desviaciones y errores que frecuentemente ha cometido la jerarquía eclesiástica. Un ejemplo de esta perspectiva es la siguiente reflexión:


"Seguir a Jesús implica poner en el centro de nuestra mirada y de nuestro corazón a los pobres. Situarnos en la perspectiva de los que sufren. Hacer nuestros sus sufrimientos y aspiraciones. Asumir su defensa. Seguir a Jesús es vivir con compasión. Sacudirnos de encima la indiferencia. No vivir solo de abstracciones y principios teóricos, sino acercarnos a las personas en su situación concreta. Seguir a Jesús pide desarrollar la acogida. No vivir con mentalidad de secta. No excluir ni excomulgar. Hacer nuestro el proyecto integrador e incluyente de Jesús. Derribar fronteras y construir puentes. Eliminar la discriminación." (1PJA, 467)


Uno está tentando a pensar: ... ¡y dos huevos duros! a la manera de Groucho Marx, si no pareciera demasiado irrespetuoso. Más allá del planteo utópico del llamamiento de este sacerdote español (que coincide plenamente con el Papa Francisco), uno no puede evitar analizar someramente tal planteo y hacer notar que el cristiano "asume la defensa" de los pobres, pero esto no necesariamente implica indagar en las causas de la pobreza, o dar por sentado, quizá, que tal estado resulta inevitable se haga lo que se haga. Por otro lado supone un cierto desprecio por las "abstracciones y principios teóricos", como si lo que se expone no fuera tambien algo más bien teórico, y en cuanto a la idea de integración y no exclusión... sin indicar quienes, en que condiciones se darían, no deja de ser un brindis al sol. A pesar de sus deficiencias, o incluso por ellas mismas, este mensaje se repite con harto frecuencia. 


La Iglesia Católica ha durado tantos siglos porque nunca se ha enfrentado con el poder constituido, salvo que tuviera todas las probabilidades de ganar, y quizá el cultivo de la ambigüedad y la abstracción sea uno de sus grandes recursos para subsistir. Yo lo respeto y no pienso caer en el anticlericalismo al estilo del siglo XIX, solo, en la medida de mis ínfimas posibilidades, trato de subrayar lo que me parece más plausible y aquello que también da la impresión de ser utópico.  



3 Jesús: un enigma envuelto en un misterio


Parafraseando a Winston Churchill uno está tentando a pensar en Jesús como "un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma”. O quizá considerarlo un "enigma" en tanto no hay fuentes directas y solo quedan testimonios escritos muy variados e incluso contradictorios. Seguro que de Jesús podrían decirse muchas cosas, pero hay una en que nadie duda: él se consideraba excepcional. Es decir que el mismo se diferenciaba de los demás por su poder, por su mensaje y por la confianza que demostraba en su misión profética. A partir de aquí la mitología popular lo consideró capaz de hacer milagros, igual que otros hombres excepcionales de su época y, además, idóneo para   transmitir los mensajes de su dios. Y este mismo Dios era también llamado Jehová; según la cultura judía a la que pertenecía y que nunca se desdijo de ella. .


Jehová había hablado al pueblo de Israel, y establecido un pacto especial con este pueblo. Y Jesús era su hijo, lo llamaba "papá" según los evangelistas, y no dudaba de su protección. Incluso en la cruz le pregunta a Jehová por qué lo ha abandonado. Más confianza imposible.


Todos los teólogos cristianos luego de dos siglos de interminables discusiones terminaron aceptando que Jesús ra dios, igual que Dios, y del mismo nivel que el Espíritu Santo. Tres en uno, y uno en tres. Siendo así solo se diferencian por sus acciones, o mejor dicho, por el momento y las circunstancias en que actúan. Jesús-Dios actúa como humano porque se encarna en la naturaleza humana; pero puede encarnarse en una paloma, como Espiritu Santo y otorgar como Dios-EspirituSanto el poder de hablar todos los idiomas a los apóstoles. Y Dios puede encarnarse en si mismo como Dios y hablar a Moisés en lo alto de la montaña y entregarle un mensaje en forma de tablas de la ley. 


Dios puede ser a la vez hijo y simultáneamente espíritu. Hay que reconocer que los antiguos perfeccionaron el acceso a lo sobrenatural de tal manera que la explicación se convierte, en sí misma,  en un enigma difícil de descifrar. 


Una persona ajena a la religión cristiana le cuesta entender este especie de trasvestismo divino, en la cual Dios, creador del universo, toma diferentes formas sin perder su naturaleza divina... y con tan alto grado de convicción que es capaz de dejarse crucificar como si tal cosa fuera posible. Dios sufre la crucifixión como humano y simultáneamente mantiene su carácter de omnipotente, por lo cual podría llegar a afirmarse que Dios se crucifica a si mismo en tanto domina completamente a su entorno humano. Y como ser sapiente, omnisapiente, sabe lo que va a suceder y deja que suceda como si la historia fuese capaz de crearse a sí misma; sin su intervención. 


Cuesta creer que la religión católica, en la actualidad, persista en tal "misterio" ya que éste requiere un salto en la razón de consecuencias catastróficas.


Catástrofe sí porque resulta incomprensible como realidad posible y si es un misterio entonces cualquier cosa puede ser porque los misterios se producen y reproducen sin solución de continuidad. 


Pero no se crea que los anteriores razonamientos son propios de una mente escéptica contemporánea. También traían de cabeza a los cristianos antiguos que no sabían bien como entender la historia de un dios que se había hecho hombre para hacer llegar así mejor su mensaje a los humanos. 


"Para algunos cristianos, las enseñanzas de las cartas de Pablo y de los cuatro evangelios más antiguos -que Jesús, un hombre torturado hasta la muerte en la cruz, era también, de alguna forma misteriosa, parte de la identidad del único dios de Israel- eran simplemente demasiado radicales como para aceptarlas. Entonces, ¿quién había sido realmente Jesús? En lugar de mezclar lo humano con lo divino, argumentaban algunos cristianos, ¿no era más probable que su humanidad hubiera sido una mera ilusión? ¿Cómo podría el Señor del Universo haber nacido de una mujer mortal y, mucho menos, haber experimentado el dolor y la muerte?" (1HDC, 120) 


Y surgieron diversas maneras de imaginar como podría haber sido tal enredo, algunas realmente muy imaginativas: "... Basílides, un cristiano de Alejandría, que enseñaba que Cristo, cuando llegó el momento de la crucifixión, había intercambiado su forma con la de un desventurado que pasaba por allí. "A este habrían crucificado por error e ignorancia pues (el Padre) le había cambiado su apariencia para que se pareciese a Jesús. Por su parte, Jesús cambió sus rasgos por los de Simón para reírse de ellos"." (ib.)


Como se ve los primeros cristianos tampoco entendían como un auténtico hijo de Dios podía ser sacrificado igual que un miserable esclavo fugitivo. Se necesitarán muchos siglos de aplicados teólogos para poder dar cuenta de tales contradicciones, aunque la solución del "misterio" tampoco es de lo más imaginativo; pero por lo menos se circunscribe la cuestión. 


Durante los siglos posteriores a Jesús no faltaron los autores críticos con la leyenda que se fue creando en torno a su figura. Pero a partir del siglo IV cuando la Iglesia alcanza el poder imperial las críticas se fueron reprimiendo de tal manera que poco a poco se fue haciendo muy difícil escribir y publicar tales críticas, a tal punto que alguien que escribiera poniendo en duda la veracidad de los Evangelios, o sus contradicciones era objeto de una fuerte censura y castigos que podían ser completamente disuasivos. 


En las sociedades cristianas, desarrolladas sobre todo a partir de la Edad Media ya no era posible acceder a autores antiguos o posteriores que pusieran en duda la figura de Jesús así: "... en una sociedad sometida durante siglos a la censura eclesiástica -describe Fernando Bermejo- cualquier concepción desmitificadora del personaje acarreaba peligros de toda índole, desde confiscación de obras y encarcelamiento hasta la ejecución, lo que implica que los discursos sobre Jesús no pudieron generarse en libertad durante muchos siglos” (056BJN, 531)


El cristianismo como religión oficial del occidente romano y del imperio bizantino, se convirtió en una religión tan excluyente y rígida como la que surgió, a principios del siglo VIII en Arabia, el Islam. 


Tantos siglos han pasado y tantos cambios se han dado que, antes de seguir bien podríamos intentar una definición inicial, aunque quizá incompleta, de lo que significa ser cristiano. ¿Es el cristianismo solo el compendio de todas las citas documentadas de Jesús? ¿Es ser cristiano el aceptar que Jesús resucitó al tercer día y que luego de unas instrucciones detalladas en días posteriores a sus discípulos, subió al cielo y ahí se quedó para siempre, junto a Dios Padre y el Espíritu Santo? ¿Es el cristianismo un cuerpo de doctrina que si bien nació con Jesucristo siguió completándose en los siglos posteriores en sucesivos concilios y tratados teológicos hasta llegar al Concilio Vaticano II?


O es, como escribe Javier Cercas "... lo que define el cristianismo es su creencia en el más allá, en la resurrección de la carne y la vida eterna." (0CLD, 41) Aquí Cercas destaca la creencia en el más allá; es decir que hay una especie de reino no natural, sobrenatural, que se superpone a todo lo conocido. De este reino nada se sabe, puede estar habitado por varios seres incorpóreos, sutiles como pompas de jabón, que interactúan con los seres naturales, nosotros, y nos aconsejan, ayudan o incluso castigan. Como se puede apreciar es un mundo nunca detectado por ningún aparato humano que acerque lo lejano o engrandezca lo infinitamente pequeño. Solo podemos acceder por medio de nuestra imaginación... y cuesta creer que no sea más que un producto de ella. La "fe" es siempre frágil, incluso en los creyentes más convencidos. Se sostiene a fuerza de voluntad y se desvanece en el estudio de las ciencias naturales. Este mundo tan especial aunque muy popular en la historia humana nunca perdió su carácter fantasmal. De ahí que creer, tener fe, no deja de ser un estado etereo que debe ser sostenido fuera de todo análisis; como una vela que se apaga si se la expone a una brisa fuerte. 


La persecución paradójicamente fortalece la creencia, y el ambiente liberal la reduce; de ahí que las religiones siempre hayan visto con prevención las diversiones intensas, como el carnaval. Hay excepciones, por supuesto, no todas las religiones necesitan el mismo ambiente para prosperar; se nota que aquellas que no tienen en cuenta el "más allá" son, comparativamente hablando, más independientes de las circunstancias sociopolíticas en que se encuentran. El budismo, el taoismo, el confucianismo son ejemplos de religiones que no necesitan ni afirman un más allá sobrenatural, y por lo tanto en ese sentido tampoco presionan a sus creyentes por mantener un mundo tan alejado de la experiencia empírica habitual. 




Fin de la 3ª Parte



2 BIBLIOGRAFÍA


056BJN Fernando Bermejo Rubio Jesús de Nazaret Ed. Akal 2023


1DJA R. Dawkins, C. Hitchens, D. C. Dennett y S. Harris Los Jinetes del Apocalipsis Ed. Arpa


1DRH Daniel C. Dennett Romper el Hechizo. La religión como fenómeno natural


1SMA Manuel Sotomayor y José Fernández Ubiña Historia del Cristianismo. I El mundo antiguo Edit. Trotta


1KCE Hans Küng El Cristianismo. Esencia e historia


4P4E Antonio Piñero Los Cuatro Evangelios Fundación March Conferencias podcast


0RNA Uta Ranke Heinemann No y Amén. Invitación a la duda Ed. Siglo XXI


0LMB Jesús López-Gay S.I. La Mística del Budismo. Los monjes no cristianos del oriente Biblioteca de Autores Cristianos 1974


6HSE Tom Holland A la sombra de las Espadas Audio. Audible


1PJA José Antonio Pagola Jesús. Aproximación histórica PPC 2007



Y ahora al Capítulo 4:https://brigantinus.blogspot.com/2025/09/historia-natural-de-algunos-profetas.html


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