Cap. 12. Una historia natural de algunos profetas. De Jesús a Marx

MARX Y LENIN


Índice

1 Justificación

2 Karl Marx, su vida

2.1 El materialismo histórico

2.2 El materialismo dialéctico

3 Su Pablo de Tarso: Lenin

4 Bibliografía

___________________


1 Justificación


"Existió un visionario polaco que afirmaba estar viendo como ardía la sinagoga de la ciudad de Lwow, distante setenta y dos kilómetros. Al día siguiente un viajero, procedente de Lwow, desmintió la afirmación del visionario. Pero los pobladores de la aldea seguían estando orgullosos de éste: ¿Y que importa si se equivocó? ¡Piensen en lo lejos que alcanzó a ver!"


Me siento obligado a justificarme, ante mi mismo: ¡como se me ocurre meter nada más ni nada menos a Karl Marx en mi monografía sobre Jesús, los profetas, las grandes religiones y sus iglesias! ¿Fue acaso fue Marx una figura religiosa?


Obviamente no lo fue directamente, pero si destacó como puntal del ateísmo, de la irreligiosidad del siglo XIX y del XX, y por lo tanto también tiene que ver con la religión, aunque esté del otro lado. 


Este podría ser mi punto de vista; pero no lo es. 


No incluyo a Marx por su ateísmo sino porque generó, a pesar suyo (en algún momento aclaró "yo no soy marxista"), un gran movimiento político, sociológico y filosófico que se asemejó a una nueva e impetuosa religión recorriendo el mundo.

Y tanto se asemejó a una religión que, si ignoramos lo que los marxistas piensan de ellos mismos, entra de lleno en la consideración de un fenómeno religioso; igual que muchos otros que no reconocen la existencia de un Dios creador, como el budismo. 


Antes de dedicarnos a Marx demos un paso atrás y analicemos lo que se ha dado en llamar "religión". Religión es "religio" en latín, y hay dos interpretaciones, como mínimo, de esta palabra:


Interpretación de Cicerón: El orador romano Marco Tulio Cicerón sostenía que la palabra se derivaba del verbo latino relegere (“releer” o “recoger cuidadosamente”). Para Cicerón, los “religiosos” eran aquellos que revisaban meticulosamente los actos relativos al culto y los dioses, cuidando los detalles de las ceremonias y rituales.


Interpretación de Lactancio y San Agustín: Por otro lado, el escritor cristiano Lactancio, y posteriormente San Agustín, propusieron que religio proviene de religare (“atar”, “ligar” o “vincular”). Según esta visión, la religión es aquello que “religa” o une al ser humano con la divinidad mediante un vínculo de piedad


En ambos casos se trata de la relación del ser humano con el más allá, donde se supone que habitan los dioses, o el Dios, si se prefiere. Pero si consideramos, lo cual parece lógico, que la religión abarca también aquellas actividades altamente emotivas en las que las personas ligan su vida a un sentido trascendente, bien podríamos hablar de la política, cierta política, como de una religión; sobre todo si entregamos toda nuestra existencia a esa actividad principal arriesgando incluso la vida si es menester. Así, sin ir más lejos, el patriotismo bien puede ser una forma de religión.


Y el marxismo constituyó para muchos una creencia sostenida con la misma firmeza que la fe en Jesús e incluso con el mismo sacrificio que podría llegar hasta el martirio en aquellas situaciones de gran persecución; creencia que incluso llegó a recitar sus principios a la manera de un Credo (Véase el "Manual de Marxismo-Leninismo" de Otto Kuusinen); confirmando así, con esa recitación de memoria, la señal adecuada para terminar cualquier discusión.


Marx se inspiró en Feuerbach, un pensador alemán (1804-1872), quien sostenía que “Dios” es una manifestación de la alienación humana, una forma de esclavitud donde los individuos proyectan sus facultades y poderes más elevados en la idea de un ser divino, percibiéndolos luego como provenientes de una fuente superior. Feuerbach abogaba por reemplazar la religión por el humanismo, una idea que resonaba entre los círculos ilustrados del siglo XIX. Marx compartía esta perspectiva, pero el humanismo, como sustituto filosófico-cultural de la religión, nunca logró una aceptación generalizada. A pesar de sus raíces en el Renacimiento y el resurgimiento de las antiguas ideas, junto con el auge de las monarquías absolutas y la aspiración aristocrática de impulsar cambios sociales desde arriba, el humanismo no logró una influencia significativa. 


En 1844, Marx creía que todos los “dogmas”, ya fueran religiosos o políticos, debían ser cuestionados (0GCM, 39). Sin embargo, no previó que su propio pensamiento se convertiría en un dogma para sus seguidores, (que rara vez visitaban la biblioteca del British Museum), apenas unas décadas después. 


Recientemente he leído en La Vanguardia un artículo que confirma, con estudios neurológicos, que las creencias religiosas producen efectos positivos, iguales que creencias opuestas a las religiosas, siempre que sean asumidas por los sujetos como válidas: "


"... Lo importante no es tanto el contenido de la creencia como su función psicológica y biológica, pues ofrece estructura y la posibilidad de conectar con algo que da sentido a la experiencia vital. Creer es un fenómeno con raíces profundas en el cerebro, en las emociones y en nuestra necesidad de sentido. En definitiva, existen evidencias científicas que confirman que las experiencias religiosas y espirituales activan consistentemente las redes cerebrales de recompensa, saliencia y atención, reforzando la idea de que el bienestar derivado de las creencias tiene una base neurobiológica robusta." (5LV23)

Estos descubrimientos bien pueden apoyar la idea de que resulta fácil convertir cualquier creencia, sobre todo si ésta cubre amplios campos de la experiencia humana, en una nueva forma de religión o variante de alguna ya establecida. 

Marx fue el iniciador, insisto, a pesar suyo, de esa gran iglesia creyente en el cambio social radical, en el surgimiento de un nuevo reino, o Estado, que eliminaría para siempre la injusticia social y que permitiría, así lo suponían los fieles, una sociedad libre y justa como nunca antes había experimentado la humanidad. Ahora, en el siglo XXI, puede parecernos ridículas tales expectativas; ha llovido mucho desde los años de fuego donde millones de personas creían en tales cosas; pero sucedió así, y es en este sentido que considero a K. Marx un profeta que creó una nueva religión.

También debo aclarar que esta interpretación de la obra de Marx no es mía, ya otros autores señalaron ocultas correspondencias entre sus análisis y el pensamiento religioso. Vease lo que escribe Burleigh:

"Dado que él y sus seguidores afirmaban que las ideologías eran manifestaciones epifenoménicas de causas secretas más profundas, ¿qué puede decirse de las corrientes proféticas y mitopoéticas más profundas subyacentes a las tesis en teoría científicas y empíricamente verificables de Marx? Es relativamente fácil transponer algunos de los términos clave de la tradición judeocristiana al marxismo: "conciencia" (alma); "camaradas" (fieles); "capitalista" (pecador); "contrarrevolucionario" (demonio); "proletariado" (pueblo elegido) y "sociedad sin clases" (paraíso). Las clases dirigentes iban también a enfrentarse a una forma revolucionaria de "Juicio Final". Pero había correspondencias no reconocidas mucho más profundas, entre ellas la nostalgia de la unidad perdida, la creencia de que el tiempo era lineal (los antiguos pensaban que era cíclico), que el logro de una conciencia superior traía la salvación y que la Historia progresaba con su sentido y finalidad evidentes para la vanguardia culta e informada." (0BPT1, 292)

Por lo tanto, la visión de Marx no es tan singular como para no haber resonado en diversos pensadores. Un ejemplo de crítica es “El catecismo marxista. Una utopía disfrazada de ciencia” de Arthur Lehning (ORI55). Sin embargo, estos autores siguen siendo minoría porque la propia vida y las manifestaciones de este personaje famoso han tendido a ocultar sus afinidades con aquello que repudiaba: una concepción religiosa de la sociedad. Además, la imagen pública de Marx se ha visto moldeada significativamente por lo que posteriormente elaboró V.I. Lenin y la escuela soviética. Y esta interpretación de marxismo tomo un sesgo furiosamente anticlerical. 

2 KARL MARX, su vida


Karl Marx (Tréveris, Prusia, 5 de mayo de 1818 – Londres, 14 de marzo de 1883)


Su vida en pocas pinceladas:


Origen y formación: Nació en una familia judía convertida al protestantismo. Su padre era abogado. Marx estudió Derecho en la Universidad de Bonn y luego Filosofía en Berlín, donde se vinculó al círculo de los jóvenes hegelianos y se interesó por la filosofía de Hegel.

Vida personal: Se casó con Jenny von Westphalen, de familia aristocrática, quien le acompañó en sus exilios y dificultades económicas, aunque la familia siempre tuvo sirvienta, incluso en los momentos de mayor penuria económica.

Actividad profesional: Empezó como periodista en la Gaceta Renana, donde sus críticas políticas le llevaron al exilio. Vivió en París, Bruselas y finalmente en Londres, donde pasó la mayor parte de su vida y escribió sus principales obras en la biblioteca del British Museum. Sus cambios de domicilio se debieron a la presión de la policía política de su país (la OJRANA zarista) y a la consideración generalizada en estos países europeos que Marx era un peligroso agitador social. 

Colaboración con Engels: En París conoció a Friedrich Engels, con quien desarrolló el marxismo y escribió obras fundamentales como el Manifiesto del Partido Comunista (1848). Engels que además de ser su amigo más íntimo fue también su protector económico, ya que ayudó a la familia a subsistir cuando todas las fuentes de ingreso se habían secado como consecuencia de su fama revolucionaria.

Obras principales: Sus textos más influyentes son el Manifiesto del Partido Comunista y El capital (cuyo primer tomo publicó en 1867; los siguientes fueron editados póstumamente por Engels).

Pensamiento: Propuso el materialismo histórico, que explica la historia como resultado de la lucha de clases y las condiciones materiales de producción. Defendió la emancipación de la clase trabajadora y la transformación revolucionaria de la sociedad; dicho a manera de gran síntesis. También defendió el ateismo como la mejor postura frente al cristianismo. Esta creencia era parte de una filosofía general, llamada materialismo dialéctico, que afirmaba que la preeminencia de lo material sobre lo mental o lo espiritual.

Acción política: Fundó la Asociación Internacional de Trabajadores (Primera Internacional) en 1864, participando activamente en el movimiento obrero europeo.

Últimos años y legado: Murió en Londres en 1883. Su obra fue continuada por Friedrich Engels (1820-1895) quien editó y publicó los volúmenes II y III de “El Capital” mientras continuaba defendiendo y difundiendo el marxismo aunque, según algunos críticos posteriores, acentuando el carácter cerrado y dogmático del pensamiento de Marx. Engels fue el que desarrolló in extenso las ideas del Materialismo Dialéctico. 


2.1 El Materialismo Histórico


El materialismo histórico es la teoría de la historia y también implica una teoría de la sociedad ya que explica el desarrollo y cambio de la sociedad humana y la forma que esta sociedad adopta para facilitar la supervivencia de sus miembros,  a partir de las condiciones materiales de existencia, es decir, como se producen los bienes que esta sociedad necesita y como, a partir del trabajo humano, se establecen determinadas relaciones sociales. Relaciones que cambian cuando por obra de las circunstancias, guerras, enfermedades, cambios tecnológicos, el trabajo productivo también se ve profundamente afectado.


Para entender los cambios sociales hay que fijarse en:


1. La base económica de la sociedad en cuestión, es decir el desarrollo de la tecnología y las condiciones de trabajo. Lo que el marxismo, en su jerga técnica llama: fuerzas productivas y relaciones de producción, y

2. Como las clases, en que está dividida toda sociedad humana, luchan entre sí estableciendo acuerdos que siempre son provisionales y que están ligados al poder siempre cambiante que tiene cada clase dentro de esa sociedad dada.


La historia de la humanidad es, en esencia, la historia de la lucha de clases: del conflicto entre grupos sociales con diferentes intereses según el desarrollo tecnológico y las condiciones generales en que el trabajo se realiza. 

(por ejemplo, esclavos y amos, siervos y señores feudales, proletariado y burguesía). Tales luchas impulsan las revoluciones y los cambios históricos.


Marx no fue ni el inventor ni el descubridor de la "lucha de clases", la que ya estaba presente en Aristóteles con su distinción entre gobierno oligárquico y democrático, ni tampoco se debe a él haberla introducido en la historia (1AKM, 15) pero sí fue el que dió a ésta el papel de motor político en el cambio social; aunque nunca se preocupó por definirlas de modo preciso ni describir como podía evolucionar tal conflicto en circunstancias nacionales variadas.


Se limitó a afirmar que los cambios no se producían automáticamente cuando cambiaban las condiciones en que se realizaba el trabajo humano, sino que además se necesitaba el desarrollo de una conciencia de clase para que los cambios revolucionarios se provocasen. Él consideraba que los seres humanos no son simples productos de la historia, sino agentes activos que, a través de su trabajo y acción colectiva, transforman la realidad social. El grado de "actividad" que los humanos tenían que asumir, cuando la realidad había cambiado, tampoco lo precisó.


Marx dejó de lado estos problemas y pasó a analizar directamente sociedades con regímenes económicos ya consolidados y estos eran, a grandes rasgos, las sociedades esclavistas antiguas, el feudalismo en la Edad media y el capitalismo desarrollado, sobre todo tomando como modelo la Gran Bretaña industrializada de su época.


Cada "modo de producción" tiene sus clases típicas, que luchan entre sí para apropiarse de la mayor parte de la riqueza común; el capitalismo genera una clase social específica: el proletariado, los obreros industriales, que son capaces, a su vez, de cambiar la sociedad en que han nacido si se agrupan políticamente para generar un cambio revolucionario. 


Marx indagó por el sentido, el fin de la Historia, hacia dónde vamos como especie, buscando un fin racional e imaginando esta posibilidad en el triunfo del proletariado como nueva clase no atada a la servidumbre de la propiedad y por ello liquidando para siempre la sociedad clasista. Con la victoria del proletariado, según su pensamiento, se acababa la prehistoria humana y empezaba de verdad su historia. Tal como están las cosas aún tenemos varios siglos, sino milenios, de prehistoria por delante. 


Cabe destacar que este enfoque histórico, aunque prescinde de la existencia de deidades, es profundamente religioso. Imaginan un proceso autoalimentado que tiende hacia un objetivo de mayor felicidad y justicia. En la actualidad, la Historia, con mayúscula, se considera un conjunto de procesos que carecen de sentido más allá de su evidente adaptación a circunstancias cambiantes e imprevisibles. Si bien el desarrollo tecnológico y el progreso social son evidentes, no garantizan necesariamente un estado de desarrollo equilibrado, pacífico y justo.  Podría ocurrir lo contrario, o cualquier circunstancia imprevista podría interrumpir este progreso. Cualquier pensamiento que implique un camino progresivo, de un punto de partida a un punto final, de creciente racionalización, hoy en día no es más que una forma de pensamiento religioso más o menos velada. 



2.2 El Materialismo Dialéctico


El materialismo dialéctico es la corriente filosófica desarrollada por Marx y Engels que sostiene que la materia es la base de toda realidad y que la realidad está en constante cambio y transformación debido a la interacción de fuerzas opuestas. 


Objetar lo que sostiene Marx es una tarea estúpida si no se reflexiona previamente sobre lo que es la filosofía, su carta de naturaleza por así decirlo. Y en esta línea aclaro, me aclaro a mi mismo, que en filosofía cualquier hipótesis es admisible ya que estamos en el terreno del ensayo y de la pura especulación.


Dicho lo siguiente se puede concluir... provisionalmente por lo menos, que Marx tiene todo el derecho de decir lo que se le ocurra; pues así es lo que hace y debe hacer un buen filósofo. Naturalmente debe respetar la lógica... pero no el sentido común. Debe ser coherente en sus reflexiones, aunque puede contrariar, si le apetece, lo que creen la mayoría de los humanos.


Aclarada esta cuestión principal puedo describir que "eso" que muchos llaman "espíritu" no existe como entidad sino solo es el producto del funcionamiento del cerebro (materia); y el cambio que se opera en todas las cosas, humanas o no humanas, resulta de la contradicción o lucha de fuerzas opuestas. Así lo pensó Marx, y resulta entretenido observar la realidad a través de este prisma. 


En la práctica tal punto de vista se parece al científico, pero solo en apariencia, porque analizado desde muy cerca se observa que se diferencia del pensamiento científico en tanto éste acepta la provisionalidad de todo conocimiento y la primacía de la observación para dar crédito a las hipótesis... en cambio el materialismo dialéctico es una formula cerrada y dogmática. Recuerdo haber leído hace décadas un tratado de "Materialismo Dialéctico" de Kusinem, un ideólogo soviético, y el tratado tenía la forma de un catecismo. Un catecismo laico, opuesto al catecismo cristiano... pero catecismo al fin; con formulas cerradas que debían aceptarse por la autoridad de sus fuentes. 


Y aquí vuelve a ser necesario otro aparte en la narración de Materialismo Dialéctico. El hecho de convertir algunos supuestos básicos en un dogma inamovible si bien puede ser paradójico (de la libertad de crear a la rigidez de lo obtenido) es un hecho común a casi todos los filósofos conocidos. "Casi todos" escribo porque creo que Wittgenstein eludió esa paradoja, aunque con un coste evidente: salvo un diccionario de alemán para estudiantes y otro que escribió en las trincheras de la 1ª guerra mundial (,Tractatus logico-philosophicus, 1921) no pudo terminar los demás libros que pensó porque una vez escritos ya estaba deconstruyéndolos al descubrir en ellos nuevos motivos de duda y análisis. Es verdad que hay otro libro suyo "Investigaciones filosóficas, 1953, pero fue publicado póstumamente. De haber seguido vivo seguro que habría interrumpido su publicación para hacer nuevas correcciones. 


Pues bien, salvo pocos y muy señalados filósofos (Ver Daniel Clemens Dennett), la gran mayoría ha hecho uso de su libertad para pensar y luego para encerrar su producto en una ciudadela a prueba de críticas. 


No me extenderé más sobre Marx, ya que existen innumerables libros que explican su pensamiento, tanto a favor como en contra.  En esencia, el marxismo buscaba descubrir las leyes generales que rigen el desarrollo de la naturaleza y la sociedad.  Proponía que el cambio se produce a través de un proceso tripartito conocido como la dialéctica: la lucha de contrarios (tesis y antítesis) y la posterior obtención de un estado nuevo (síntesis), que a su vez se convierte en el punto de partida de un nuevo ciclo.  Esta visión concebía la sociedad como un conglomerado bien organizado de clases sociales en constante lucha por el poder y la distribución de los bienes producidos.  Si bien esta perspectiva puede parecer muy filosófica, combinada con la aplicación del método científico, para sus seguidores se transformó rápidamente de un método en una creencia.  En ese mismo instante, la filosofía y la sociología se convirtieron, mágicamente, en religión. 



3 Su Pablo de Tarso: Lenin 


Vladimir Ilich Ulianov, 1870-1924 fue el gran apóstol de Marx; sin su acción enérgica, incansable, brillante y autoritaria Marx habría sido solo un nombre más en la historia del siglo XIX, junto a otros brillantes nombres como Ludwig Feuerbach, Pierre-Joseph Proudhon, Saint-Simon, Charles Fourier o Robert Owen. Todos nombres ilustres pero que nunca alcanzaron la fama de Karl Marx, a pesar de que éste discutió con ellos directamente o a través de sus libros. 


Pero V. I. Ulianov hizo lo que ni Marx ni Engels se atrevieron a pensar: el partido obrero social demócrata ruso (POSDR) en su rama bolchevique, más tarde renombrado como el Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (PCURSS)


La historia de este hombre podría resumirse en muy pocas palabras:


Nació en una familia de clase media, hijo de un director de escuela y una madre culta y progresista.

Adoptó el pseudónimo “Lenin” alrededor de 1901 mientras vivía en la clandestinidad.

Tras la ejecución de su hermano por conspirar contra el zar, se radicalizó y se vinculó con el marxismo.

Fue expulsado de la universidad por su activismo revolucionario, pero terminó la carrera de Derecho como externo.

Lideró el sector bolchevique del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR), defendiendo la idea de un partido de vanguardia disciplinado y profesional.


Y luego, después de la destitución del Zar, en febrero de 1917, se traslado a Petrogrado (hoy Sant Petersburgo) y desde allí encabezó la Revolución Rusa que instauró un nuevo régimen con una organización totalmente desconocida en occidente: la URSS. Murió en 1924 cuando el nuevo Estado se había estabilizado luego de una intervención extranjera de países europeos y una cruenta guerra civil posterior. Fue sucedido por Stalin... pero todo esto es historia conocida. 


Lenín no fue solo un dirigente político, sino también un gran teórico, a la manera de Marx o Engels, escribió más de 3,000 textos, recopilados en 55 tomos en su edición completa estándar. Una montaña de papel y en los pocos libros que he leído me asombró siempre su capacidad para profundizar en todas las ideas de una manera original... y sesgada; llevando siempre agua para su molino y demostrando con un lenguaje enérgico, claro y a veces insultante, que sus enemigos políticos o teóricos no tenían ninguna razón. Hay que leer algo de Lenin para poder darse cuenta del tremendo genio político y literario de este hombre que tenía varias reuniones al día, cambiando de país y perseguido por la policía zarista donde fuera, y siempre encontraba tiempo para emborronar cuartillas escribiendo más y más todo lo que se le ocurría para destruir al régimen político de su país y para teorizar sobre el estado del capitalismo en el mundo o como sería la sociedad una vez que hubiese triunfado el socialismo, tal como él lo imaginaba. 


Sus escritos cubren teoría política, economía, estrategia revolucionaria, filosofía y cuestiones organizativas del movimiento socialista y comunista. Entre sus obras más célebres se encuentran El Estado y la revolución, ¿Qué hacer?, El imperialismo, fase superior del capitalismo, y Las tesis de abril, escritas no bien llegado a Petrogrado y dónde planteaba que el POSD, bolchevique, no podía aceptar la revolución democrática de febrero de 1917 y lanzarse a la conquista del poder para hacer la revolución socialista. Cosa que logró en pocos meses oponiéndose, inclusive, a la mayoría del Comité Central de su partido que veía tal tarea como imposible sino suicida. 


Describir a Lenin es describir a una fuerza sobrehumana, y aún no he leído un biógrafo que lo considere como creo que fue realmente: un apóstol como Pablo, decidido a imponer su religión como quien mueve montañas. 


Su análisis, en "El Estado y la Revolución", que tuve el placer y la conmoción de leerlo a los dieciocho años, y me causó una impresión tremenda, es, de sus escritos, el que mejor describe la utopía comunista: la extinción del Estado y el establecimiento de una nueva sociedad que haga realidad lo que planteó Marx, pasar de la prehistoria humana al principio de la verdadera Historia:


"La sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta. La supresión del Estado proletario, es decir, la supresión de todo Estado, sólo es posible mediante un proceso de “extinción" (...) Sólo en la sociedad comunista, cuando se haya roto ya definitivamente la resistencia de los capitalistas, cuando hayan desaparecido los capitalistas, cuando no haya clases (es decir, cuando no existan diferencias entre los miembros de la sociedad por su relación con los medios de producción sociales), sólo entonces "desaparecerá el Estado y podrá hablarse de libertad". Sólo entonces será posible y se hará realidad una democracia verdaderamente completa, verdaderamente sin ninguna restricción. Y sólo entonces comenzará a extinguirse la democracia, por la sencilla razón de que los hombres, libres de la esclavitud capitalista y comunista estatista, de los innumerables horrores, bestialidades, absurdos y vilezas de la explotación estatal, se habituarán poco a poco a observar las reglas elementales de convivencia (…) sin esa máquina especial de coerción que se llama Estado." (5LER)


Como se vé, el marxismo, y más aún en su versión leninista,  cree en que la historia es lineal y apunta hacia una organización justa y equitativa del trabajo y la producción, haciendo posible que todas las necesidades humanas sean cubiertas sin ninguna clase de desigualdad económica que enmascare alguna forma de explotación del hombre por el hombre.


La sociedad soviética se aceptaba como un paso necesario, pero que a su vez desaparecía para ser reemplazada por una sociedad comunista sin Estado. Como era evidente que el Estado no solo tendía a desaparecer con los años sino a fortalecerse más y más, tal fenómeno se explicaba por la existencia de un enemigo exterior: las otras sociedades capitalistas que querían destruir al Estado soviético. Este enemigo exterior hacía temporalmente imposible que el proceso de disolución gradual del Estado se diese; pero sí con el tiempo, y la victoria sobre los restos del capitalismo, tal sociedad sin clases se impondría. 


Durante las primera décadas del Estado Soviético, cuando aún la utopía comunista estaba en el recuerdo de muchos, se desarrollaron diversas teorías para explicar como la URSS se alejaba aparentemente de ese ideal. Ya en los años ochenta habían cesado de producirse los intentos de explicar el retardo soviético para alcanzar la sociedad comunista; las tesis iniciales se habían perdido en el recuerdo y la ideología había perdido completamente su fuerza utópica. 


Pero todo esto sucedió muchos años después de que Marx hubiese muerto. Éste ni siquiera llegó a conocer el surgimiento de la URSS ni conoció los cambios de su pensamiento que introdujo Lenin, quien fue su sucesor teórico y práctico. Su Pablo de Tarso que expandió las ideas de Marx y al mismo tiempo las cambió, o modificó para adaptarlas a una realidad que Marx había despreciado: la posibilidad de que el paso del capitalismo al socialismo se diese en una sociedad dónde el capitalismo no había alcanzado aún su pleno desarrollo: Rusia. 


Como bien escribe Hannah Arendt: " El bolchevismo [se refiere a la versión soviética del marxismo] ha hecho tanto por ocultar y borrar las verdaderas enseñanzas de Marx, como por propagarlas" (1AKM,15)





4 Bibliografía


5LV23 La Vanguardia "¿Por qué las creencias, sean religiosas o no, generan bienestar?" 23.07.2025 Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Francisco José Esteban Ruiz es Profesor Titular de Biología Celular, Universidad de Jaén; Sergio Iglesias Parro es Profesor Titular del Departamento de Psicología, Universidad de Jaén.


0BPT1 Michael Burleigh "Poder Terrenal. Religión y política en Europa" Tomo I Taurus 2005 (2005)


1LER Vladimir Ilich Ulianov (Lenin) "El Estado y la Revolución" Ediciones en Lenguas Extranjeras 1917 Moscú


1AKM Hannah Arendt "Karl Marx y la tradición del pensamiento político occidental" Art. "El hilo roto de la tradición" Ediciones Encuentro 2007 Madrid


0RI55 Cuadernos de Ruedo Ibérico 55/57 "Bakunin, Marx. Al margen de una polémica" enero-junio 1977 Artículos de A. Lehning, H. Magnus Enzensberger, A. García Calvo y otros.


0GCM Anthony Giddens "El capitalismo y la moderna teoría social"


0MLW Ray Monk "Ludwig Wittgenstein" Anagrama 1997 (1990)


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