Democracia como utopía

¡Gracias José por aportar a mi archivo personal artículos interesantes que no he alcanzado a leer! ¡Debería pagarte por tu ayuda inestimable! Pero ya comentando lo publicado (y que debo releer, no bien disponga de un poco de tiempo) mi impresión, así, a bote pronto, es que Cercas con muy buena intención también contribuye a engañarnos porque la democracia de la cual habla no es más que un mito, una especie de "patria celestial" que poca gente se ha animado a investigar seriamente. Yo pienso que no existe tal democracia, que en la práctica son minorías inteligentes y extractivas que han encontrado en la política la mejor manera de subsistir como una floración que parasita el bosque. Quizá sea demasiado radical, no lo sé, tampoco me gustaría serlo, porque soy de ánimo conciliador que escapa de los conflictos y por lo tanto mi pensamiento refleja ese modo de ser... pero me rindo ante la observación de que nos están tomando el pelo, desde hace muchos siglos. Esto desde la perspectiva de la gente de "abajo", la que siempre carga con el peor de los destinos y que además es mayoritaria en la especie. Religiosos, políticos, predicadores, toda la fauna conocida que aunque tenga buenas intenciones siempre acaba viviendo ricamente y aconsejando a los de abajo como deben hacer las cosas. El tema da para mucho; lo que escribo son simples notas al margen, para acompañar los documentos que atesoro en mi archivo. ¡Un saludo!

De una respuesta a un artículo de Javier Cercas, en Faceboo, el 25 de agosto de 2024

Adenda:

Hay tantas teorizaciones sobre la "democracia" que sería ocioso, o redundante, intentar otra nueva. Prefiero observar lo que está en la escena internacional y todas las "democracias" que se presentan como tal tienen serios problemas para concretar ese ideal.

EEUU, la potencia imperial que domina el mundo (en la medida que este Mundo se deja dominar) se considera una democracia plena, pero no lo es tanto. Se necesitan muchos millones de dólares para presentarse como candidato y ese dinero solo se obtiene por medio de regalos, o subvenciones a fondo perdido, que modifican, tienen que modificar necesariamente lo que piensa o cree cada candidato; para no hablar de lo que quieren sus votantes.

La actual campaña electoral entre Trump y Kamala Harris es un ejemplo de manual de lo anterior. Es verdad que los votantes deciden, pero tal decisión no es determinante. A la postre el que ha puesto muchos millones en juego tiene más opciones de conseguir sus propósitos que el simple ciudadano de a pié. 

En países europeos las cosas no son tan evidentes, pero no por ello resultan más democráticas. En el continente los partidos políticos son una especie de cámara de compresión dónde los candidatos se apoyan, a la vez que se autolimitan. Y tales partidos necesitan de prestamos bancarios para sus campañas, con lo que el dinero vuelve a fluir por canales políticos con resultados similares a EEUU.

Y así podría analizar todo el mundo y en todos lados encontraré toda clase de limitaciones. La democracia es un mito, aunque creamos en él con tanta fuerza como los antiguos creían en sus dioses. 




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