¡No es esto! ¡No es esto!
Actualmente, en Cataluña, se ofrece una panorama muy fascinante para cualquier sociólogo que se interese por los procesos sociales de gran magnitud. En realidad no se trata de fenómeno que toque a una sola especialidad de las ciencias sociales. Interesa por igual al politólogo y al antropólogo, y en suma, a todos los que tratan de desarrollar modelos teóricos sobre la sociedad, su estructura y cambio.
Empezaré por un breve resumen de la cuestión: una parte importante de los habitantes de esta región española se inclinan no solo, como hasta ahora por una autonomía más o menos diferenciada, sino por la independencia completa del Estado español, de tal forma que pretenden hacer surgir un nuevo estado europeo, en igualdad de condiciones con los ya existentes.
Este fenómeno no es nuevo en Europa y luego de la caída de la URSS han surgido nuevos estados que son frutos de diversos y muy distintos procesos políticos y militares, como se ha dado en los Balcanes e incluso en europa central con la división checoslovaca.
Lo interesante del caso catalán es que surge en un estado ya asentado, democrático y sin problemas serios de integración nacional. Algo así no se había visto en los tiempos modernos.
Desde el 2012 ha aflorado una destacada corriente independentista con importante arraigo popular, que se manifiesta en grandes manifestaciones de carácter multiclasista y populares. Escribo 'aflorado' porque es evidente que tal tendencia existe desde hace mucho tiempo, pero hasta el momento era muy minoritaria y no se habían hecho declaraciones públicas importantes.
Aquí es menester una aclaración: no entro en cuestiones históricas porque considero que la historia solo existe en el presente como bandera para legitimar o justificar acciones políticas contemporáneas. O con otras palabras, la historia es usada como pretexto y la pretensión de que existen 'fuerzas históricas' (a las que se responde o se oponen) es simplemente un mito ideológico, no un concepto propio de la disciplina.
Pues bien, a partir de este año se desencadena un proceso cada vez más acelerado, impulsado desde una parte de la clase política y la elite económica y cultural de Cataluña, tomando tal fuerza que bien se podría decir que las estructuras del estado español en Cataluña fueron vampirizadas por las fuerzas independentistas convirtiéndolas en el armazón básico del nuevo estado previsto. De una manera abierta, pública, las autoridades autonómicas cruzaron la barrera constitucional (que impide, naturalmente, una secesión de esta clase) y basándose en legitimaciones ideológicas solo compartidas por sus seguidores, pusieron manos a la obra para construir el nuevo estado sin perder, por el momento, las ventajas de pertenecer al por el momento viejo estado español.
Se generó así una gran ambigüedad o ficción política inédita: la autonomía catalana seguía existiendo y funcionando dentro del marco legal español y simultáneamente se creaba un nuevo estado aprovechando los recursos que proporcionaba esta situación autonómica legal.
La ambigüedad mencionada no podría haber funcionado sin la inoperancia del gobierno central que no se tomó en serio el desafío local, considerándolo una especie de teatro político para consumo interior del Principado. Un error político muy serio que dificilmente se habría dado en alguno de los países del entorno europeo más desarrollado.
Así se crearon los mimbres, las formas y las bases del desafío independentista que fue creciendo de multitudinario a totalitario, tratándose de imponer a más del 50% de la población de Cataluña que no estaba de acuerdo con tal proyecto secesionista. Esto fue posible porque la ley electoral local prima a las zonas con menos población, las rurales, donde el ideario independentista ha arraigado con mayor intensidad.
Para abreviar, porque este da para mucho: la acción del neo nacionalismo catalán (neo por la virulencia de esta última etapa) junto con la inacción del poder central, más una crisis económica que también generó un gran disgusto en toda la población de estado y que en Cataluña fue hábilmente redirigida contra el gobierno "de Madrid" que "obligaba" al catalán a reducir los servicios sociales, todo junto ha contribuído a generar un escenario inédito: la división tajante, radical, de la población del Principado en dos bloques antagónicos: los constitucionalistas y los soberanistas.
Poco importa que en este caso los porcentajes favorezcan en pequeña medida al bloque constitucionalista, en la práctica y gracias a la mencionada ley electoral el estado de cosas funciona favoreciendo, temporariamente, al bloque soberanista.
Lo que tiene un gran interés político y sociológico es el grado de incomunicación que se ha alcanzado en el "diálogo" político. De hecho son dos monólogos que se enfrentan y no tienen ningún punto común para entenderse.
Los del lado 1, ven la situación como una grave alteración del orden público, en el que una minoría aventurera, con una supuesta legitimidad histórica, está dispuesta a desgarrar la Nación Española arrancándole una región rica y hasta el momento bien integrada en el Estado. Los del lado 2, tienen una visión extremadamente opuesta: es un país que cobra conciencia de su identidad y que está dispuesto a recobrar su libertad usando, para ello, todos los medios que dispone, tanto legales como alegales, es decir no sancionados por la 'legalidad vigente'.
En esta perspectiva el lado 1 considera natural que los políticos deseleales que convirtieron un gobierno autonómico en uno rebelde, ingresen en prisión con severas penas. Los del lado 2 entienden que meter presos a sus líderes es la manera tradicional que tiene el estado opresor para tratar con las reivindicaciones legítimas del pueblo catalán.
Los del lado 1 piden negociar un nuevo futuro político con los dirigentes catalanes que abandonen definitivamente la idea de secesión; los del lado 2 consideran que el camino de la negociación es el único válido, pero entendiendo que el núcleo de esa negociación consistirá en establecer los modos y los medios para que Cataluña alcance la independencia que merece.
Los del lado 1 consideran que la cuestión catalana compete a todo el pueblo español, que es el único soberano según la constitución; los del lado 2 consideran que la cuestión catalana compete exclusivamente al pueblo catalán que es dónde reside la soberanía real del Principado.
Los del lado 1 entienden que sólo piden lo mínimo para alcanzar la normalidad: un gobierno autonómico que se considere autonómico y que se guíe por el actual Estatut de Autonomía; los del lado 2 afirman que el "mínimo" que se les exige puede, en las actuales circunstancias, ser aceptado sólo provisionalmente; mientras se reconstruyen las estructuras locales que hagan posible la independencia definitiva.
Los del lado 1 están seguros de defender la democracia real para todos los habitantes de España, incluidos los catalanes; los del lado 2 consideran que los constitucionalistas quieren consolidar una dictadura españolista que elimina los derechos fundamentales de los pueblos, y que por lo tanto, son completamente antidemocráticos.
Evidentemente con puntos de vista tan divergentes la posibilidad de acuerdo pacífico y negociado es remota; y lo más interesante, desde el punto de vista sociológico, es que todo el proceso ha tenido un curso democrático, electoral, legal y sin dictaduras intermedias que justifiquen reacciones extremas.
España tiene fama, en Europa, de ser un país excéntrico, en el sentido de no acompañar la marcha de los países punteros. No ha participado en las dos grandes guerras mundiales, pero ha sufrido una guerra civil apocalíptica que generó una gran alarma internacional en su momento. Tuvo una dictadura extremadamente larga cuando la mayoría de los países del continente gozaron del tremendo empuje económico, político y social de postguerra; y pareceria que, ¡por fin!, se había encarrilado y sintonizado con su entorno. Y en este contexto promisorio irrumpe, como un rayo en una día claro, el intento de declaración unilateral de independencia de Cataluña.
Dado el desarrollo de la situación presente no parece una situación alarmante, pero, en todo caso, los que han provocado el intento de secesión en tanto siguen operantes y con gran fuerza popular mantienen suficiente poder real como para desestabilizar, a medio plazo, a todo el Estado. Téngase presente que existe, en paralelo, una severa crisis en los partidos tradicionales provocada por los centenares casos de corrupción descubiertos y que afectan a todos los partidos que han estado en el poder muchos años: desde el PP o el PSOE hasta los partidos nacionalistas como el PNV o la Convergencia catalana. Esta crisis y el consiguiente descrédito en la población contribuyen a la debilidad del Estado y pueden generar respuestas políticas que por ahora no son posibles. El futuro está demasiado abierto en España.
Empezaré por un breve resumen de la cuestión: una parte importante de los habitantes de esta región española se inclinan no solo, como hasta ahora por una autonomía más o menos diferenciada, sino por la independencia completa del Estado español, de tal forma que pretenden hacer surgir un nuevo estado europeo, en igualdad de condiciones con los ya existentes.
Este fenómeno no es nuevo en Europa y luego de la caída de la URSS han surgido nuevos estados que son frutos de diversos y muy distintos procesos políticos y militares, como se ha dado en los Balcanes e incluso en europa central con la división checoslovaca.
Lo interesante del caso catalán es que surge en un estado ya asentado, democrático y sin problemas serios de integración nacional. Algo así no se había visto en los tiempos modernos.
Desde el 2012 ha aflorado una destacada corriente independentista con importante arraigo popular, que se manifiesta en grandes manifestaciones de carácter multiclasista y populares. Escribo 'aflorado' porque es evidente que tal tendencia existe desde hace mucho tiempo, pero hasta el momento era muy minoritaria y no se habían hecho declaraciones públicas importantes.
Aquí es menester una aclaración: no entro en cuestiones históricas porque considero que la historia solo existe en el presente como bandera para legitimar o justificar acciones políticas contemporáneas. O con otras palabras, la historia es usada como pretexto y la pretensión de que existen 'fuerzas históricas' (a las que se responde o se oponen) es simplemente un mito ideológico, no un concepto propio de la disciplina.
Pues bien, a partir de este año se desencadena un proceso cada vez más acelerado, impulsado desde una parte de la clase política y la elite económica y cultural de Cataluña, tomando tal fuerza que bien se podría decir que las estructuras del estado español en Cataluña fueron vampirizadas por las fuerzas independentistas convirtiéndolas en el armazón básico del nuevo estado previsto. De una manera abierta, pública, las autoridades autonómicas cruzaron la barrera constitucional (que impide, naturalmente, una secesión de esta clase) y basándose en legitimaciones ideológicas solo compartidas por sus seguidores, pusieron manos a la obra para construir el nuevo estado sin perder, por el momento, las ventajas de pertenecer al por el momento viejo estado español.
Se generó así una gran ambigüedad o ficción política inédita: la autonomía catalana seguía existiendo y funcionando dentro del marco legal español y simultáneamente se creaba un nuevo estado aprovechando los recursos que proporcionaba esta situación autonómica legal.
La ambigüedad mencionada no podría haber funcionado sin la inoperancia del gobierno central que no se tomó en serio el desafío local, considerándolo una especie de teatro político para consumo interior del Principado. Un error político muy serio que dificilmente se habría dado en alguno de los países del entorno europeo más desarrollado.
Así se crearon los mimbres, las formas y las bases del desafío independentista que fue creciendo de multitudinario a totalitario, tratándose de imponer a más del 50% de la población de Cataluña que no estaba de acuerdo con tal proyecto secesionista. Esto fue posible porque la ley electoral local prima a las zonas con menos población, las rurales, donde el ideario independentista ha arraigado con mayor intensidad.
Para abreviar, porque este da para mucho: la acción del neo nacionalismo catalán (neo por la virulencia de esta última etapa) junto con la inacción del poder central, más una crisis económica que también generó un gran disgusto en toda la población de estado y que en Cataluña fue hábilmente redirigida contra el gobierno "de Madrid" que "obligaba" al catalán a reducir los servicios sociales, todo junto ha contribuído a generar un escenario inédito: la división tajante, radical, de la población del Principado en dos bloques antagónicos: los constitucionalistas y los soberanistas.
Poco importa que en este caso los porcentajes favorezcan en pequeña medida al bloque constitucionalista, en la práctica y gracias a la mencionada ley electoral el estado de cosas funciona favoreciendo, temporariamente, al bloque soberanista.
Lo que tiene un gran interés político y sociológico es el grado de incomunicación que se ha alcanzado en el "diálogo" político. De hecho son dos monólogos que se enfrentan y no tienen ningún punto común para entenderse.
Los del lado 1, ven la situación como una grave alteración del orden público, en el que una minoría aventurera, con una supuesta legitimidad histórica, está dispuesta a desgarrar la Nación Española arrancándole una región rica y hasta el momento bien integrada en el Estado. Los del lado 2, tienen una visión extremadamente opuesta: es un país que cobra conciencia de su identidad y que está dispuesto a recobrar su libertad usando, para ello, todos los medios que dispone, tanto legales como alegales, es decir no sancionados por la 'legalidad vigente'.
En esta perspectiva el lado 1 considera natural que los políticos deseleales que convirtieron un gobierno autonómico en uno rebelde, ingresen en prisión con severas penas. Los del lado 2 entienden que meter presos a sus líderes es la manera tradicional que tiene el estado opresor para tratar con las reivindicaciones legítimas del pueblo catalán.
Los del lado 1 piden negociar un nuevo futuro político con los dirigentes catalanes que abandonen definitivamente la idea de secesión; los del lado 2 consideran que el camino de la negociación es el único válido, pero entendiendo que el núcleo de esa negociación consistirá en establecer los modos y los medios para que Cataluña alcance la independencia que merece.
Los del lado 1 consideran que la cuestión catalana compete a todo el pueblo español, que es el único soberano según la constitución; los del lado 2 consideran que la cuestión catalana compete exclusivamente al pueblo catalán que es dónde reside la soberanía real del Principado.
Los del lado 1 entienden que sólo piden lo mínimo para alcanzar la normalidad: un gobierno autonómico que se considere autonómico y que se guíe por el actual Estatut de Autonomía; los del lado 2 afirman que el "mínimo" que se les exige puede, en las actuales circunstancias, ser aceptado sólo provisionalmente; mientras se reconstruyen las estructuras locales que hagan posible la independencia definitiva.
Los del lado 1 están seguros de defender la democracia real para todos los habitantes de España, incluidos los catalanes; los del lado 2 consideran que los constitucionalistas quieren consolidar una dictadura españolista que elimina los derechos fundamentales de los pueblos, y que por lo tanto, son completamente antidemocráticos.
Evidentemente con puntos de vista tan divergentes la posibilidad de acuerdo pacífico y negociado es remota; y lo más interesante, desde el punto de vista sociológico, es que todo el proceso ha tenido un curso democrático, electoral, legal y sin dictaduras intermedias que justifiquen reacciones extremas.
España tiene fama, en Europa, de ser un país excéntrico, en el sentido de no acompañar la marcha de los países punteros. No ha participado en las dos grandes guerras mundiales, pero ha sufrido una guerra civil apocalíptica que generó una gran alarma internacional en su momento. Tuvo una dictadura extremadamente larga cuando la mayoría de los países del continente gozaron del tremendo empuje económico, político y social de postguerra; y pareceria que, ¡por fin!, se había encarrilado y sintonizado con su entorno. Y en este contexto promisorio irrumpe, como un rayo en una día claro, el intento de declaración unilateral de independencia de Cataluña.
Dado el desarrollo de la situación presente no parece una situación alarmante, pero, en todo caso, los que han provocado el intento de secesión en tanto siguen operantes y con gran fuerza popular mantienen suficiente poder real como para desestabilizar, a medio plazo, a todo el Estado. Téngase presente que existe, en paralelo, una severa crisis en los partidos tradicionales provocada por los centenares casos de corrupción descubiertos y que afectan a todos los partidos que han estado en el poder muchos años: desde el PP o el PSOE hasta los partidos nacionalistas como el PNV o la Convergencia catalana. Esta crisis y el consiguiente descrédito en la población contribuyen a la debilidad del Estado y pueden generar respuestas políticas que por ahora no son posibles. El futuro está demasiado abierto en España.
Creo que es un muy buen resumen de la situación, tan compleja. Me parece suscribible por desapasionado, por recoger con frialdad notarial las posturas enfrentadas de unos y otros. Esperemos que todo el mundo defienda sus posiciones de esta forma, cosa ue no se ha hecho hasta el momento pues, a mi entender, ha habido más pasión y vísceras que argumentos sólidos y ciertos, en especial por la parte soberanista. La inteligencia no ha aparecido aún por ningún sitio.
ResponderEliminarEn casos de conflictos irresolubles por cerrazón de una o ambas partes, queda la justicia. Lo malo es que la justicia suele dejar insatisfecho y rencoroso a quien no ve reconocidas sus razones y los malos perdedores suelen recurrir a descalificar a esa justicia y a esas leyes que les niegan la razón. En todo caso, hasta donde se pueda, hay que evitar la humillación, la goleada, pues los independentistas llevan siglos especializados en explotar los agravios, reales o supuestos, que alimentan sentimientos victimarios, y hoy la condición de víctima es siempre valorada y apoyada sin demasiada reflexión.
No sé si es cuestión de paciencia y barajar, baraja nueva o, como intentan algunos, patada la mesa y romper la baraja.
Un abrazo.
La situación es fluida, por lo imprevisible. Hasta ahora no han servido las múltiples advertencias de diversos sectores afectados, sobre todo el económico. En España, a diferencia de Italia (y lo escribo con mucha pena) no existe una cultura del compromiso fruto de la negociación dura pero no inmadura. La cuestión se presenta de tal manera insoluble porque cualquier muestra de debilidad del estado central enseguida sería tomada como una aceptación, a medio plazo, de la secesión. Mientras el neonacionalismo catalán no sea ampliamente derrotado ¿cómo redirigir una vuelta a la normalidad autonómica? Sinceramente no veo salida cercana. Sólo el pasar de los años sin frutos observables puede determinar, para gran parte de los secesionistas actuales, el abandono de sus quimeras. Obviamente siempre se mantendrá un núcleo duro, pero éste, en si mismo, no es ningún peligro sino, paradójicamente, un factor más en el desarrollo de un país democrático y tolerante. Lo que se impone, según mi humilde parecer, es deshacer la burbuja ideológica que ha apresado a mucha gente normal. Aquí está el mayor peligro del presente.
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