Cap. 5 Una historia natural de algunos profetas. De Jesús a Marx

LOS DESAFÍOS


Índice

1 El desafío a la ortodoxia: La Gnosis

2 Maniqueísmo

3 Herejes hasta la raíz

4 Los Concilios... y sus herejías

5 El Gran Cisma. Todo por un "filioque"

6 Bibliografía

___________________________________



1 El desafío a la ortodoxia: La Gnosis


La herejía gnóstica fue un conjunto de ideas y sistemas religiosos surgidos entre los siglos I y II d.C., especialmente en el entorno de las primeras comunidades cristianas y judías, que fueron considerados heréticos por la Iglesia primitiva. Representó una gran amenaza de cisma para el cristianismo que como doctrina nueva y revolucionaria se estaba consolidando. El cristianismo se había expandido gracias a la acción de Pablo de Tarso que, con mucho tino, comprendió que el mensaje de Jesús tenía una gran potencial para quedarse limitado exclusivamente a los judíos. 


Pablo convirtió a lo que hasta el momento era solo una secta judía, de magnitud pequeña, en un movimiento capaz de llegar a todos los extremos del amplio imperio romano. Solo se necesitaba dejar de exigir la observancia obsesiva judía por unos rituales ya antiguos y carentes de significado para los observantes menos cualificados y eliminar el corte obligatorio de la piel que cubre el prepucio masculino; operación que ya en un adulto adquiría tintes algo siniestros para el que se viera inclinado hacia la cultura judía. Pablo lo comprendió y al eliminar estas "obligaciones" hizo posible que el núcleo del mensaje del mesías, unidad y ayuda mutua en los miembros de la comunidad religiosa, fuese comprensible y aceptable para cualquiera.


Ahora reaparecía, con nuevas formas, la tendencia excluyente dentro de la nueva hermandad. La gnosis era el instrumento de elevación espiritual y a la vez la barrera invisible que volvía a separar a los elegidos del común. La Iglesia, en plena expansión, no podía aceptar tal cosa. 


Principales características del gnosticismo (5IAP)


1. Dualismo radical entre el cuerpo y el espíritu.


El gnosticismo sostenía una separación tajante entre el mundo material y el espiritual. La materia era considerada inherentemente mala y corrupta, mientras que el espíritu era visto como bueno y divino.

El ser humano, según los gnósticos, contiene una chispa divina atrapada en el cuerpo material, y el objetivo último es liberar esa chispa para reintegrarla al ámbito divino.


2. Salvación por el conocimiento (gnosis), un conocimiento que solo podía ser comprendido por pocos.


A diferencia del cristianismo ortodoxo, que predicaba la salvación por la fe y la gracia, el gnosticismo enseñaba que la salvación se alcanzaba mediante un conocimiento secreto y revelado (gnosis) sobre la verdadera naturaleza divina y del ser humano.

Este conocimiento era reservado a una élite de iniciados, lo que daba al movimiento un carácter esotérico y elitista.


3. Un dios y un demiurgo.


Los gnósticos distinguían entre un Dios supremo, oculto y bueno, y una deidad inferior o demiurgo (a veces identificado con el Dios del Antiguo Testamento), responsable de la creación del mundo material y considerado ignorante o incluso malévolo.

Jesús no había hecho tal distinción según los evangelios canónicos, por lo tanto esta nueva distinción se alejaba radicalmente del mensaje inicial.


Así, el mundo físico y sus leyes eran vistos como una prisión para el alma, y la meta era escapar de él a través de la gnosis. En cambio el cristianismo primitivo no negaba la naturaleza y sus leyes que eran vista como una creación divina y no una cárcel. 


4. Cristo no sufrió ninguna condena. 


El gnosticismo solía negar la plena humanidad o divinidad de Jesús. Algunos grupos afirmaban que Cristo era una emanación divina que solo aparentó tener un cuerpo físico, o que su espíritu abandonó el cuerpo antes de la crucifixión. De esta manera al eliminar el sufrimiento de Jesús en la crucifixión se negaba también que ese sacrificio tuviese el valor de redimir al género humano del pecado. 


5. Rituales secretos.


Además de sus creencias, los gnósticos practicaban rituales secretos y, en ocasiones, fórmulas mágicas consideradas esenciales para la liberación del alma. El esoterismo es cosa de pocos, así el cristianismo volvía a las religiones paganas mistéricas, solo reservadas a una clase de personas, como los cultos a los que eran propicios los militares romanos. 



2 Maniqueísmo


Se la considera una religión gnóstica fundada por Mani (216-276). Se desarrolló en Persia y fue asesinado por Bahram II. Tuvo mucho éxito propagándose hasta Roma por el oeste (donde fue muy perseguida) y llegando a China (694) por el este. Del 763 al 840 fue la religión estatal en el imperio de los turcos Uigures.


El maniqueísmo tradujo sus libros santos a diversas lenguas; en éstos se incluyeron conceptos de las religiones locales como el zoroastrismo o el budismo, elaborando una doctrina original. Se caracteriza por un dualismo radical: el mundo es una mezcla de tinieblas y luz. "A pesar de sufrir la opresión de las tinieblas, la luz se transparenta en cada brizna de hierba" (05EDR, 135).


En su organización social, el maniqueísmo dividía a sus seguidores en “elegidos” —que practicaban el ascetismo, el vegetarianismo y el celibato— y “oyentes”, quienes apoyaban a los elegidos y aspiraban a su transformación en futuras reencarnaciones. Su objetivo era liberar la luz espiritual atrapada en la materia a través de un proceso de purificación y ascetismo, para regresar al Reino de la Luz, que es el bien supremo. San Agustín, una figura esencial del cristianismo antiguo, fue, antes de convertirse, durante un tiempo un ferviente maniqueo. 



3 Herejes hasta la raíz


La Iglesia consideró al gnosticismo una de las herejías más peligrosas de los primeros siglos, ya que distorsionaba la fe cristiana en puntos clave como la creación, la salvación y la naturaleza de Cristo. Los gnósticos reinterpretaron las Escrituras y promovieron evangelios propios, lo que llevó a una fuerte reacción de los teólogos cristianos, quienes defendieron la fe apostólica y la unidad doctrinal.


En resumen, la herejía gnóstica consistió en un sistema dualista y esotérico que proponía la salvación a través de un conocimiento secreto, negando la bondad de la creación material y reinterpretando radicalmente la figura de Cristo y la doctrina cristiana tradicional.


La confusión entre conocimiento y mensaje cristiano hace que la gnosis resultara atractiva para muchos cristianos que buscaban diferenciarse del común de los gentiles, buscando unas señas de identidad muy definidas y exigentes. Pero los obispos y teólogos pertenecientes al tronco común del cristianismo percibieron rápidamente el peligro de una tendencia que, so pretexto de profundizar en el cristianismo, representaba un paso atrás reproduciendo lo que ya se había experimentado con los cultos secretos de los paganos. 


Los gnósticos no se volatilizaron en la nada por el simple hecho de haber sido condenados por los obispos. Disminuyeron sí en cantidad pero se mantuvieron y renovaron durante los siglos posteriores; solo que su propia doctrina los fue recluyendo más y más en vez de expandirse como lo hizo el catolicismo oficial. 


Los gnósticos tienen cierto atractivo, aunque no dejaban de ser gente muy rara, que buscaba significarse por medio de una doctrina que los separara del común de las gentes. Lo interesante de sus doctrinas es que dejaron de lado el interés de Jesús por lo pobres de toda clase para buscar un cierto elitismo espiritual. En este sentido los padres de la Iglesia no anduvieron descaminados en apartarlos como herejes. Si hubieran tenido éxito el cristianismo se habría perdido en multitud de pequeñas sectas sin importancia. 


Los Ebionitas


Los ebionitas sostenían una cristología de tipo adopcionista: creían que Jesús era un hombre común, nacido de José y María, completamente humano, sin naturaleza divina ni preexistencia celestial. Según su visión, Dios lo eligió y lo “adoptó” como su hijo debido a su fidelidad y estricto cumplimiento de la Ley de Moisés. Para los ebionitas, Jesús fue reconocido como el Mesías en virtud de su rectitud, pero no era Dios ni había nacido de una virgen. 


A pesar de parecer gente muy sensata fueron también apartados como herejes. En este caso se comprende. Los ebionitas se pasaron de sensatez para la época.


Insistían en la necesidad de que los cristianos siguieran observando la Ley judía, incluyendo la circuncisión, el sábado y las normas alimentarias (kashrut). Consideraban que la salvación dependía de cumplir la Ley de Moisés y el ejemplo de Jesús, y no solo de la fe en Cristo. Por  supuesto rechazaban las enseñanzas de Pablo, a quien consideraban un apóstata que había traicionado la Ley judía y el verdadero mensaje de Jesús. Solo aceptaban como sagrada escritura una versión del Evangelio de Mateo (o el llamado “Evangelio de los Hebreos”), y descartaban las epístolas paulinas y otros textos del cristianismo emergente.


Además rechazaban el nacimiento virginal de Jesús y la doctrina de la expiación vicaria de los pecados, lo cual es completamente razonable ya que no se comprende por qué alguien tiene que cargar, a modo de chivo emisario, con las culpas de los demás. Y preferían a Santiago el Justo como líder y sucesor de Jesús, en lugar de Pedro. Para colmo consideraban que Jesús fue dotado de un “espíritu divino” o poder especial en el momento de su bautismo, pero que este poder lo abandonó antes de su muerte, otra cosa que caía muy mal a los cristianos del momento.


El nombre “ebionita” proviene del hebreo ebionim, que significa “los pobres”, y refleja su énfasis en la pobreza voluntaria como ideal espiritual. "Orígenes y otros autores proto-ortodoxos sacan el máximo provecho de esta etimología al indicar que los ebionitas eran "pobres en entendimiento". Podemos estar prácticamente seguros de que esto no era lo que ellos pensaban de sí mismos." (05ECP, 152) Nota: por "proto-ortodoxos" el autor entiende a los primeros autores que defendieron el cristianismo de la iglesia oficial. 


Además, se les atribuía la práctica del vegetarianismo y de baños rituales, y daban especial importancia al Sermón de la Montaña. Eran gente bien intencionada y creo que captaban el mensaje de Jesús; pero los tiempos no estaban para negar lo sobrenatural. Este es un caso de como a veces lo que parece más razonable es lo que tiene menos posibilidades de éxito. Pero no dejan de ser interesantes porque muestran que aunque minoritarios había gente en esos días que podía pensar con su cabeza y no se dejaba llevar obedientemente por la moda. 


Los ebionitas se prolongaron, luego, en los arrianos, que consideraban que la naturaleza de Jesús era humana, no divina. Naturalmente también terminaron condenados como herejes. Para la Iglesia su fundador no podía ser solo un hombre; era un estatus muy bajo. 



Los Docetistas


Los docetistas sostenían que Jesucristo no tuvo un cuerpo humano real, sino que su humanidad fue solo una apariencia o ilusión. Según esta doctrina, Jesús parecía ser un hombre de carne y hueso, pero en realidad no lo era: su cuerpo era una manifestación aparente, sin naturaleza carnal auténtica. De ahí el nombre “docetismo”, del griego dokein (“parecer”).


El docetismo era afín al gnosticismo, corriente que consideraba la materia como inherentemente mala y el espíritu como bueno. Por eso, los docetistas no podían aceptar que lo divino (Cristo) se uniera verdaderamente a la carne humana, ya que eso implicaría que Dios asumía una naturaleza material considerada corrupta.


Pero no todos pensaban igual dentro de esta corriente: Algunos docetistas afirmaban que Jesús era un ser puramente espiritual, un fantasma, que solo aparentaba tener cuerpo físico.

Otros, en cambio,  sostenían que Jesús tenía un cuerpo de naturaleza “celestial” o espiritual, pero no uno material como el de los seres humanos. Por supuesto se daban también posturas mixtas, según las cuales Cristo (el ser divino) habitó temporalmente en el hombre Jesús, pero lo abandonó antes de la crucifixión, por lo que el sufrimiento y la muerte en la cruz fueron solo aparentes.


El docetismo era hereje en tanto negaba la realidad del sufrimiento, la muerte y la resurrección física de Jesús. Si Jesús no tuvo un cuerpo real, entonces no murió realmente en la cruz ni resucitó corporalmente, lo que pone en cuestión la base de la salvación cristiana. Una doctrina peligrosa porque era plausible. Jesús siendo hijo de Dios, y por lo tanto Dios también, no podía sentir dolor ni mucho menos ser castigado en la cruz. La Iglesia no podía permitir que tal silogismo convirtiera a la pasión, y a su drama, en una pura representación teatral. 


Esta variante de pensamiento sobre la naturaleza de Jesús se prolongo a posteriori en el "monofisismo", doctrina que consideraba a Jesús como de naturaleza divina, nada humana. El monofisismo tuvo mucho éxito y se extendió por parte del imperio bizantino, sobre todo porque Teodora, la mujer de Constantino lo era, y de una manera muy ardiente. Por supuesto esta idea también fue considerada hereje; al final se impuso que Jesús tenía doble naturaleza humana y divina, lo cual no es muy lógico, pero en la historia no siempre triunfa lo plausible. 


Los Arrianos


La herejía arriana, conocida como arrianismo, fue una doctrina cristológica desarrollada por Arrio, un presbítero de Alejandría en el siglo IV. Su idea central era que Jesucristo, aunque considerado el Hijo de Dios, no era eterno ni de la misma naturaleza que Dios Padre. 


Según Arrio, el Hijo fue creado por el Padre antes del inicio del tiempo, por lo que hubo un momento en que el Hijo no existía. Esto implicaba que Jesús no era Dios en sentido pleno, sino una criatura excepcional, subordinada al Padre, y no consustancial con Él (es decir, no compartía la misma esencia o sustancia divina).


 Arrio también negaba la divinidad plena del Espíritu Santo, considerándolo igualmente una criatura.


El arrianismo ponía en cuestión el dogma de la Trinidad, ya que negaba la igualdad y eternidad del Hijo respecto al Padre. Esto generó una profunda crisis dentro del cristianismo, llevando al emperador Constantino a convocar el Concilio de Nicea en el año 325, donde la doctrina arriana fue condenada como herejía y se proclamó que el Hijo es “de la misma naturaleza” (homoousios) que el Padre.


En resumen, la herejía arriana consistió en negar la divinidad plena y la eternidad de Jesucristo, considerándolo una criatura creada por Dios Padre, lo que contradecía la doctrina trinitaria aceptada por la Iglesia.


Arrio afirmó que Jesús fue creado por el Padre y no eterno sosteniendo que el Hijo de Dios, aunque excelso y preexistente, tuvo un principio y no existió desde siempre. Según Arrio, solo Dios Padre es eterno, infinito y sin origen; el Hijo fue creado directamente por el Padre “antes de todas las eras”, como la primera y más perfecta de sus criaturas, pero hubo un tiempo en que el Hijo no existía.


Para fundamentar su postura, Arrio recurrió a pasajes bíblicos como Juan 14:28 (“el Padre es mayor que yo”) y Colosenses 1:15 (“el primogénito de toda la creación”), interpretando que Jesús fue el primer ser creado y, por tanto, no es igual ni coeterno al Padre. Arrio argumentaba que si el Padre es único, indivisible y eterno, entonces el Hijo no puede compartir esa misma eternidad ni naturaleza, pues eso implicaría dividir la unicidad de Dios.


En síntesis, Arrio enseñó que:


Solo el Padre es eterno y sin principio.

El Hijo fue creado por el Padre, por un acto de su voluntad, antes del tiempo.

Hubo un momento en que el Hijo no existía.

El Hijo es una criatura excepcional, pero no es Dios en el mismo sentido que el Padre.


La Wikipedia considera que el arrianismo tuvo una importante difusión en el Imperio romano de Occidente, estando protegido por algunos emperadores, y entre algunos de los pueblos germánicos que lo invadieron en el siglo v. En los reinos romano-germánicos la adopción del arrianismo por parte de los germanos marcó la principal diferencia entre estos y los romanos.

El Primer Concilio de Nicea del 325 consideró que las doctrinas arrianas eran heréticas, en tanto que el Primer Sínodo de Tiro, en 335, exoneró a Arrio. Tras su muerte, fue anatemizado de nuevo y declarado herético otra vez en el Primer Concilio de Constantinopla del 381.Los emperadores romanos Constancio II (337-361) y Valente (364-378) fueron arrianos o cercanos al arrianismo.

Según Everett Ferguson, «La inmensa mayoría de cristianos no tenían opiniones claras sobre la naturaleza de la Trinidad y no entendían lo que estaba en juego en los asuntos que rodeaban esto».

El término arrianismo se usa también para referirse a otros sistemas teológicos no trinitarios del siglo iv, que consideraban a Jesús —el Hijo de Dios— como una criatura engendrada de una sustancia similar pero no idéntica a la del Padre o como ni creado ni no creado en sentido en que otros seres son creados.

Incluso ahora, en pleno siglo XXI se sigue hablando de "arrianismo" en los ambientes católicos, para significar a todas aquellas opiniones que tienden a ver en Jesús solo un hombre, y no un dios. Una muestra de este uso moderno de la así llamada herejía del "arrianismo" en la página web infocatolica.com

Ejemplos de posiciones actuales similares al arrianismo


Testigos de Jehová: Diversas fuentes señalan que la cristología de los Testigos de Jehová guarda similitudes notables con el arrianismo. Esta confesión enseña que Jesús es el Hijo unigénito de Dios, pero no es Dios mismo, y niega la doctrina de la Trinidad. Utilizan argumentos bíblicos similares a los usados históricamente por los arrianos para negar la divinidad plena de Cristo, citando pasajes como Juan 14:28 y 1 Corintios 15:27. Aunque los Testigos de Jehová no se autodenominan “arrianos”, su cristología es frecuentemente descrita como una forma moderna de arrianismo.


Unitarismo: El unitarismo, especialmente en su vertiente cristiana, sostiene que Dios es una sola persona y rechaza la Trinidad. Algunas versiones del unitarismo consideran a Jesús como un ser creado y subordinado al Padre, lo que se acerca a la postura arriana.


También hay diversos autores que podrían ser englobados en el mismo punto de vista como:

Edward Schillebeeckx, O.P.: Teólogo dominico belga, advertido por la Congregación para la Doctrina de la Fe en 1980 por su cristología, considerada por algunos como “neoarriana” por poner en duda la divinidad plena de Cristo.


Roger Haight, S.J.: Jesuita estadounidense, cuyas obras, especialmente Jesús, símbolo de Dios, han sido reprobadas por la Santa Sede por presentar una cristología que relativiza la divinidad de Jesús, lo que ha sido interpretado como una forma moderna de arrianismo.


Jon Sobrino, S.J.: Teólogo de la liberación, cuyas obras han sido condenadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe en 2006, señalando “graves errores” en su comprensión de la divinidad de Cristo, en línea con tendencias consideradas arrianas.


José Antonio Pagola: Sacerdote y teólogo español, autor de "Jesús. Aproximación histórica", libro que ha sido criticado y retirado por algunas editoriales católicas por presentar una visión de Jesús más humana que divina, lo que le ha valido la acusación de reproducir esquemas arrianos.


Como se ve el arrianismo tiene larga vida, lo cual demuestra que se asienta en algunas opiniones con una lógica bien convincente. La Iglesia, como Don Quijote, lucha contra molinos de viento haciendo creer que sus "verdades" tienen que ser aceptadas por un acto de fe, lo cual hace siempre posible que crezcan toda clase de herejías, en tanto la fe permite, sin desmedro de ella, diversas interpretaciones de las escrituras sagradas. 

4 Los Concilios... Y SUS CISMAS


En los primeros siglos abundaron, señal que las diferentes comunidades de creyentes cristianos necesitaban unificar ideas y existía una democracia de base; es decir aún no se había instalado una jerarquía que impusiese su propia interpretación y cada pequeña comunidad de creyentes usaba sus propios escritos y atendía así a las nuevas ideas que el cristianismo representaba. Los sínodos eran las asambleas en las que la comunidad cristiana resolvía sus diferencias y se hacían propuestas sobre diferentes temas. La palabra "sínodo" del griego sin y todos, juntos en el camino, era la más utilizada aunque con los siglos, en la iglesia católica, fue cambiando su significado para representar la reunión solo de obispos. 


Se supone que el Concilio Vaticano II intentó cambiar un poco las cosas para volver a la idea primitiva de reunión de iguales. En su libro Javier Cercas lo escribe así: "...-Entonces ¿podríamos decir que la Iglesia primitiva era una Iglesia sinodal, horizontal, que luego esa sinodalidad se fue relegando en beneficio de una Iglesia más vertical, más jerárquica, y que desde Vaticano II, y sobre todo en los últimos años, la Iglesia trata de recuperar ese espíritu primitivo? -Sí, de algún modo estamos tratando volver a las raíces, al origen." (0CLD, 415)


En cambio los primeros concilios cristianos fueron asambleas de obispos y líderes de la Iglesia convocadas para resolver disputas doctrinales y disciplinarias fundamentales, especialmente durante estos primeros siglos. Los concilios sentaron las bases de la doctrina y la organización eclesiástica, y son especialmente relevantes los llamados concilios ecuménicos, que buscaban decisiones válidas para toda la cristiandad.


Pero también estas reuniones muestran claramente como las preocupaciones de la nueva jerarquía de dirigentes cristianos se apartaba radicalmente del mensaje inicial de su fundador. No se verá en estos "concilios" ninguna preocupación hacia los pobres, los desheredados, los enfermos y los marginados de la Tierra. 


Jesús hizo hincapié en ellos, en los marginados, los pobres, enfermos, viudas y ancianos. Los llamó, los reunió en torno suyo, los curó y los incitó a creer en un nuevo estado de cosas caracterizado por el reino del Señor que curaba todos los pecados del mundo. Pero en los concilios nada de eso se trató. Los obispos estaban preocupados por la diversidad de cultos y doctrinas, por los predicadores que iban por libre, unos creían que Jesús era el mismo Dios y otros pensaban que tenía dos naturalezas: humana y divina, otros que el cristianismo era para pocos y otros que solo para judíos Y en diversidad oceánica se perdía la autoridad de los obispos y los patriarcas. La nueva gente que ocupaba los altos puestos en la recientemente aparecida iglesia.. y tal cosa no se debía permitir. El emperador estaba preocupado por esa debilidad de la fe que era el respaldo de su poder omnímodo. Así que aparecieron los concilios, y con ellos las nuevas herejías. 


Los concilios tenían otra perspectiva del cristianismo: había que construir una iglesia coherente, centralizada, con una única y resplandeciente verdad. Una teología en la que la naturaleza de Jesucristo no tuviera discusión, de la misma forma que no la tenía la naturaleza del imperio romano, desde Constantino en Roma hasta Justiniano en Constantinopla.



Discusiones sobre la "naturaleza" de Jesús:

¿Tenía Jesús una naturaleza humana, o divina, o ambas a la vez?


Jesús era solo un humano: los que afirmaban tal cosas se llamaban EBIONITAS (y más tarde los ARRIANOS)


Jesús tenia solo una naturaleza divina: son los DOCETISTAS (y más tarde los MONOFISISTAS)


Jesús era a la vez humano y divino.

En este caso se creo una subdivisión: los que pensaban que ambas naturalezas estaban conviviendo en un solo cuerpo, pero separadas (1) y los que opinaban igual pero consideraban que ambas naturalezas no estaban separadas (2).


Estos fueron los NESTORIANOS, de amplísima difusión en Asia.

Estos se subdividieron a su vez en dos grupos: los ORTODOXOS y los CATÓLICOS que opinaban que ambas naturalezas, divina y humana estaban juntas, pero sin confusión. Y los que opinaban que no, que ambas naturalezas estaban confundidas: los MONOFISITAS y JACOBITAS. 



[ CUADRO 1

Discusiones sobre la "naturaleza" de Jesús:

¿Tenía Jesús una naturaleza humana, o divina, o ambas a la vez?


Jesús era solo un humano: los que afirmaban tal cosas se llamaban EBIONITAS (y más tarde los ARRIANOS)


Jesús tenia solo una naturaleza divina: son los DOCETISTAS (y más tarde los MONOFISISTAS)


Jesús era a la vez humano y divino.

En este caso se creo una subdivisión: los que pensaban que ambas naturalezas estaban conviviendo en un solo cuerpo, pero separadas (1) y los que opinaban igual pero consideraban que ambas naturalezas no estaban separadas (2).


Estos fueron los NESTORIANOS, de amplísima difusión en Asia.

Estos se subdividieron a su vez en dos grupos: los ORTODOXOS y los CATÓLICOS que opinaban que ambas naturalezas, divina y humana estaban juntas, pero sin confusión. Y los que opinaban que no, que ambas naturalezas estaban confundidas: los MONOFISITAS y JACOBITAS. ]



El cuadro anterior mostró la intrincada madeja que tuvieron que desenredar los Obispos convocados en los diferentes concilios ecuménicos, a partir del primero, en la ciudad de Nicea, en el año 325, siglo IV, convocados por el emperador Constantino. Así se observa que la naturaleza de Jesús, algo que nunca se plantearon los apóstoles ni Pablo de Tarso , llegó a ser materia de análisis digna de los mejores filósofos de la época. 


¿Por qué los apóstoles no se plantearon esta cuestión? Porque, probablemente, para ellos era evidente la respuesta; además el fin del mundo estaba cerca y esas cuestiones eran para ellos sin importancia. Sin embargo unos pocos siglos después todo resultó mucho más complicado de entender:


Téngase en cuenta que el cuadro solo registra los grandes grupos que se reunieron agrupándose en torno a una de las ideas centrales; pero no fueron los únicos, había subdivisiones variadas porque en estas cuestiones la razón puede plantearse alternativas muy sofisticadas. Sin ir más lejos estaban también los que consideraban que Jesús tenía una naturaleza que no era divina, pero tampoco humana (tal como lo registra 05EDR, 119). Todo podía ser discutido y daba lugar a luchas que podían ser a muerte; en contiendas que son inimaginables para una mentalidad contemporánea.


Los concilios intentaron desbrozar la riqueza de tantas versiones sobre Jesús y su naturaleza, aunque, y esto es de lamentar, dejaron de lado las cuestiones más vitales de su mensaje; aquello que traía esperanza a los oprimidos y pobres de la tierra. 


Los primeros concilios ecuménicos (de "Ecumene", mundo) giran en torno a Constantinopla. Todos ellos tienen lugar en Oriente, Constantinopla o su entorno (Calcedonia, Nicea, Éfeso). En ellos están representados los obispos de oriente casi exclusivamente, de Occidente normalmente solo los legados del Papa, nunca el Papa mismo. Son concilios de la "Iglesia Imperial" (1SCE, 15) ya que se convocan con la autoridad imperial y son posibilitados por su apoyo técnico y financiero. Se diferencia en mucho de los concilios medievales de la Cristiandad Occidental. 


Todos estos concilios mantienen una actitud muy independiente frente a Roma y sus instrucciones. "Desde el siglo V se entrecruzan con la "pentarquía" de las cinco sedes episcopales dirigentes, Roma, Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén, que entonces se denominaban "patriarcados" Estas sedes episcopales constituyen (junto con el imperio) las "grandes potencias" eclesiales, que organizan, en colaboración o rivalidad mutuas, los concilios (ib. 16)




El Concilio de Jerusalén (siglo I)


Aunque no suele incluirse en la lista de concilios ecuménicos, el primer antecedente de este tipo de reuniones es el Concilio de Jerusalén, celebrado hacia el año 50 d.C. Aun no había ninguna autoridad política que diera cobertura a tales reuniones. Allí los apóstoles y presbíteros, con Pedro, Santiago y Pablo, debatieron sobre la obligación de los gentiles convertidos al cristianismo de seguir la ley mosaica, especialmente la circuncisión. Esta asamblea marcó el inicio de la práctica de resolver cuestiones doctrinales mediante reuniones colegiadas.


Los primeros cuatro concilios ecuménicos


La Iglesia considera de especial importancia los cuatro primeros concilios ecuménicos, celebrados entre los siglos IV y V, porque en ellos participaron los jerarcas de la Iglesia indivisa (Oriente y Occidente). Son los siguientes: 

Primer Concilio de Nicea (325)

Convocado por el emperador Constantino I en Nicea (actual Turquía).

Objetivo: Resolver la controversia del arrianismo, que negaba la divinidad de Cristo.


Principales decisiones: Se afirmó que Cristo es “de la misma esencia” (homoousios) que el Padre, y se formuló el Credo Niceno. También se fijó la fecha de la Pascua y se promulgó el primer derecho canónico.


"Cristo, según proclamó el credo de Nicea era "Hijo único de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado"" (1HDC, 140)



Segundo Concilio ecuménico. Primer Concilio de Constantinopla (381)

Convocado por el emperador Teodosio I en Constantinopla.


Objetivo: Abordar nuevas disputas sobre la Trinidad y la divinidad del Espíritu Santo.

Principales decisiones: Se amplió el Credo Niceno para incluir una declaración sobre el Espíritu Santo y se condenaron las doctrinas que negaban su divinidad.



Concilio de Éfeso (431)

Convocado en Éfeso (actual Turquía).


Objetivo: Resolver el nestorianismo, que separaba las naturalezas humana y divina de Cristo. Nestorio, patriarca de Constantinopla declarado hereje. Pero el declararlo así no fue suficiente para que desapareciera tal punto de vista. La iglesia nestoriana, desgajada de la católica romana, se mantuvo durante siglos, sobre todo en el Este asiático. 


Para entender a Nestorio hay que preguntarse primero ¿Cómo se puede pensar que Jesús, antes de su muerte y posterior resurrección, fue humano y al mismo tiempo Dios?


Nestorio concluyó que estas dos naturalezas coexistían, pero que no estaban unidas. Un corolario de este razonamiento tiene que ver con la madre de Jesús: si María parió a Jesus, era su madre considerando su naturaleza humana; pero en lo que respecta a su naturaleza divina no lo era. Por lo tanto María no era "madre de Dios". Lo cual parece muy sensato porque, pensemos un poco ¿Dios puede tener madre?


Tal afirmación, aunque fruto de una inferencia correcta, desagradó profundamente a los obispos ya que el cristianismo tenía un problema: no había cubierto el hueco que dejó Artemisa, la diosa pagana, y su legión de adeptos. Era necesario llevar a María también a los altares, y tal cosa solo podía suceder si se aceptaba que como madre de Jesucristo era también "madre de Dios". El culto mariano fue muy importante en la Iglesia romana porque una devoción a una figura femenina era algo muy atractivo, y los obispos habían captado esta sensibilidad popular, aunque tal idea no fuera muy lógica. 


El razonamiento de Nestorio lo llevó a ser expulsado y condenado como hereje en el Concilio de Efeso, en el 431. Cuatro siglos después de que Jesús hubiese sido crucificado. En ese momento la Iglesia habría crecido en número, organización y doctrina; pero Nestorio no se avino a ninguna componenda y siguió manteniendo su posición. La iglesia newtoniana nació y se desarrolló hasta el punto de tener su propia jerarquía, un ritual diferente y una política misionera también diferente, mucho más flexible que la Iglesia romana y que por lo tanto tuvo una rápida expansión hacia el este, Asía y hacia el sur, África. En el 780 el gran patriarca de la iglesia newtoniana, Timoteo, un líder cristiano con mayor poder que el papado de Roma y nada que envidiar al patriarca ortodoxo de Constantinopla había extendido su iglesia hasta Irak, Siria, Persia, Arabia, Yemen y envió monjes hacia el mar Caspio y hasta llegar a China; también ungió un metropolitano entre los turcos y otro para los tibetanos, así como estableció nuevas iglesias nestorianas en Sri Lanka y Malabar, en la India (0JHO, 28). 


Contra lo que suelen enseñarnos los libros y revistas que tratan sobre el cristianismo, éste se extendió con mayor fuerza en Asía y Arabia antes de que aparecieran los mahometanos. Pero en su versión "hereje" ya que la Iglesia Nestoriana presentaba mucho más flexibilidad que la Romana tanto en adoptar las lenguas de los países dónde se asentaba cuanto en la doctrina que tendía a no rechazar a las creencias del lugar sino a reunirlas con las cristianas.


Además, para comparar con lo que sucedía en Asia en Europa occidental, por esos años, el cristianismo aún no había llegado al norte europeo: "...Aunque en Italia, en la Galia y en Renana la fe estaba bien asentada y la gente veneraba los santuarios y los monasterios locales, más hacia el norte y el este el cristianismo era de tipo colonial y "africano", en el sentido de que estaba fuertemente  asociado a los extranjeros, ya fueran gobernantes o misioneros. En el año 730, el cristianismo apenas había hecho pequeñas incursiones en la mayor parte de Alemania y en los Países Bajos, y todavía en 754 hubo linchamientos de misioneros ingleses a manos de los paganos frisios. La gran evangelización de Sajonia comenzó en la década de 770, y las misiones más al norte apenas habían dado sus primeros pasos entre los pueblos eslavos y escandinavos." (0JHO, 276)


Así que las iglesias disidentes eran las grandes triunfadoras en este período de la historia del cristianismo. 



[ CUADRO 2


Nestorio. Éxito y condena de una doctrinario:


Nació en Germanicia, ciudad cuyo localización hoy estaría en Turquía; tuvo una buena formación teológica en Antioquía y luego vivió como sacerdote y monje en el monasterio de Euprepio, cerca de la ciudad de sus estudios. Desarrolló una gran reputación como predicador y por llamar la atención por su elocuencia y su voz persuasiva, a tal punto que las autoridades imperiales se fijaron en él. 

A los 42 años, en el 428 fue nombrado por el emperador Teodosio II como Patriarca de Constantinopla y no bien empezó su ministerio se distinguió por perseguir con mano de hierro la herejía arriana, así como contra los macedonios, noviciados y cuartodecimanos; todos por haberse separado de lo establecido en el Concilio Nicénico.

Los problemas surgieron cuando en un famoso sermón, a finales del 428 se refirió a María, que era madre de Cristo, pero no lo era de Dios, en tanto Jesús había nacido según su humanidad y no según su divinidad. El revuelo que levantó una afirmación tan sensata como ésta fue monumental, y en se explica porque Cirilo, el Patriarca de Alejandría no veía con buenos ojos al patriarcado de Nestorio, al que percibía como un peligroso rival. 

El concilio de Efeso, celebrado entre el 22 de junio y el 16 de julio del año 431 y presidido por el mismo Cirilo condenó la tesis de Nestorio deponiéndolo del patriarcado y condenando todos sus obras. Nestorio fue exiliado al desierto de Libia donde pasó los últimos veinte años de su vida. Allí fue donde escribió su obra más significativa "Bazar de Heráclides de Damasco" y donde murió sin retractarse.

Sin embargo los seguidores de Nestorio llevaron su iglesia, que se había separado tanto de Roma como de Constantinopla y había creado una liturgia distintiva, una tradición teológica propia y una estructura jerárquica independiente, hasta lugares tan lejanos como Irán, India y China. Alcanzado un desarrolla tan increíble que dura hasta el presente aunque ya en pequeños grupos aislados en EEUU, Irak y otros lugares de oriente. ]



Concilio de Calcedonia (451)

Celebrado en Calcedonia (actual Turquía).


Objetivo: Enfrentar el monofisismo, que afirmaba una sola naturaleza en Cristo. Cristo era Dios, no humano, algo que se cae de su peso si se acepta su resurrección luego de haber muerto en la cruz, y su posterior ascensión a los cielos. Pero los Obispos no estaban dispuestos a aceptar tal cosa porque entonces todo el drama de la Pasión, con latigazos incluidos, no tenía ningún sentido porque ningún humano puede azotar a un dios. Así que tales ideas no podían ser aceptadas.


Principales decisiones: Se definió que Cristo posee dos naturalezas, divina (por estar en el cielo junto a Dios) y humana (por haber podido ser efectivamente crucificado), unidas en una sola persona sin confusión ni separación... y al que no le guste ¡hereje!




* Quinto Concilio Ecuménico (553)

Celebrado en Constantinopla.


Condena de los “Tres Capítulos”: El concilio condenó las obras y enseñanzas de Teodoro de Mopsuestia, Teodoreto de Ciro y Ibas de Edesa, teólogos asociados con interpretaciones consideradas nestorianas, es decir, que separaban demasiado la humanidad y la divinidad en Cristo. Esta condena buscaba reafirmar la doctrina del Concilio de Calcedonia (451), que proclamaba la unión de las dos naturalezas de Cristo en una sola persona. Y demostraba, indirectamente, que las ideas newtonianas seguían vivitas y coleando. 

Reafirmación de la ortodoxia cristológica: El concilio reafirmó que en Jesucristo existen dos naturalezas, divina y humana, unidas sin confusión, cambio, división ni separación, en una sola persona o hipóstasis, siguiendo la línea calcedoniana. Cuando se insiste mucho en algo... señal que persisten las dudas. 


El concilio pretendía sanar las divisiones con los monofisitas (quienes defendían que Cristo tenía una sola naturaleza), pero en la práctica no logró la reconciliación y, en cambio, generó nuevas tensiones con algunos sectores de Occidente, especialmente en el norte de Italia y África del Norte. Las decisiones del concilio fueron consideradas vinculantes por el emperador Justiniano y se impuso su aceptación a los obispos de todo el Imperio; desobedecerlas implicaban ahora serios riesgos, empezando por perder el empleo y en algunos casos hasta la vida. 



* Tercer Concilio de Toledo (589)

España visigoda. 

Este concilio es local, no ecuménico; y no tendría mayor importancias sino fuera que los hispanos deslizaron, como quien no quiere la cosa, una adición en el Credo, afirmando que el Espíritu Santo procede del padre y del hijo, dónde antes solo se decía que tal Espíritu procedía "del padre" sin ninguna mención al hijo. 


Parece una tontería, pero los obispos eran muy sensibles a cualquier cambio, aunque pareciese minúsculo. En este concilio de segunda (porque no era ecuménico) agregan esta minúscula conjunción "y", en latín  "filioque" o sea "y del hijo"... y se armó la morena, pero en cámara lenta. Aquí empezó la tajante división entre la Iglesia Romana, y la Iglesia Oriental, que no aceptó tal adición. En este concilio también se certificó que los visigodos cambiaron de chaqueta y se pasaron del arrianismo al catolicismo.

* Sexto Concilio Ecuménico. Tercer Concilio de Constantinopla (680-681)

Se celebró entre el 7 de noviembre de 680 y el 16 de septiembre de 681 en la capital imperial bizantina, bajo el patrocinio del emperador Constantino IV y con la colaboración del papa Agatón, quien envió una delegación de legados. 


El concilio se reunió en la sala abovedada del palacio imperial conocida como trullus, de donde proviene el nombre alternativo de Concilio Trullano


El motivo principal de la convocatoria fue resolver la controversia teológica del monotelismo, una doctrina que sostenía que en Cristo había una sola voluntad (del griego thelema), surgida como intento de conciliación tras el monofisismo, pero que fue considerada herética por contradecir la doctrina de las dos naturalezas de Cristo definida en Calcedonia. Las llamadas "herejías" eran normales en muchas comunidades cristianas porque la doctrina era fluida y sus límites borrosos. Había lugar para muchas y variadas interpretaciones y los productores de nuevas ideas se las adjudicaban a Jesús para dotarlas de la autoridad necesaria para ser creídas.


El concilio condenó el monotelismo y el monoenergismo (la doctrina de una sola operación o energía en Cristo), reafirmando que en Cristo existen dos voluntades y dos energías, correspondientes a sus dos naturalezas, divina y humana. Estas sutilezas parecen, a ojos de un espectador del siglo XXI completamente estúpidas, y la Iglesia ha hecho bien en cubrirlas con un tupido velo, dejándolas solo como materia de estudio para los pocos especialistas que se ocupan de estas cosas. Pero ejemplifican muy bien como del mensaje vibrante y hasta revolucionario de Jesús, se había pasado en pocos siglos a la monotonía de las discusiones sobre la "naturaleza" del Salvador. 


El concilio cerró la etapa de las grandes controversias cristológicas de la patrística, definiendo de forma solemne y definitiva la doctrina de las dos voluntades y dos operaciones en Cristo, lo que se conoce como dyoenergismo y dyoletismo. En realidad toda la teología actual se funda en las decisiones que se tomaron en estos primeros concilios; sin embargo ya nadie se ocupa de ellas por estar tan enterradas como pueden estarlo los cimientos de los grandes rascacielos.




5. El gran Cisma. Todo por un "FILIOQUE"


Un poco más de información sobre como empezó el "gran cisma" aquella profunda grieta que terminó separando de manera irreversible, aún se mantiene y tiene todas las trazas de seguir siéndolo, la desunión entre el cristianismo occidental y oriental:


Filioque es un término del latín que indica en su terminación "y", es decir: "filio que" = "y del Hijo"


Su impacto en la cristiandad.


La controversia del Filioque se originó por la inserción de esta cláusula en el Credo Niceno-Constantinopolitano en la Iglesia occidental, modificando la afirmación original sobre la procesión del Espíritu Santo (que sigue al Padre). Este cambio doctrinal y litúrgico no solo dividió a las Iglesias de Oriente y Occidente, sino que también involucró varios concilios y disputas teológicas a lo largo de un milenio. 


Antecedentes y origen del Filioque


El Credo Niceno-Constantinopolitano, establecido en el Concilio de Constantinopla I (381), declaraba que el Espíritu Santo “procede del Padre” (ἐκ τοῦ Πατρὸς ἐκπορευόμενον). Sin embargo, en la Iglesia occidental, particularmente en el reino visigodo de Toledo, comenzó a añadirse la palabra Filioque (“y del Hijo”) durante el siglo VI. Esta adición buscaba enfatizar la unidad entre el Padre y el Hijo en la Trinidad, pero su introducción sin consulta previa con las Iglesias orientales generó tensiones.


El Tercer Concilio de Toledo (589)


El Concilio de Toledo III, convocado por el rey Recaredo en 589, marcó un hito crucial. Este sínodo no solo formalizó la conversión de los visigodos del arrianismo al catolicismo, sino que también incorporó el Filioque al Credo. El canon 2 del concilio estableció la recitación del símbolo niceno-constantinopolitano con la cláusula añadida: "Credo in Spiritum Sanctum qui ex Patre Filioque procedit." Esta decisión, aunque inicialmente local, sentó un precedente para su adopción en otras regiones occidentales.


La inserción respondía a preocupaciones teológicas contra el arrianismo, que negaba la divinidad de Cristo. Al afirmar que el Espíritu procedía tanto del Padre como del Hijo, se reforzaba la consustancialidad de las personas trinitarias. No obstante, la modificación no fue aceptada en Oriente, donde se consideró una alteración unilateral del credo ecuménico.


Expansión y controversia en la época carolingia


Durante los siglos VIII y IX, el Imperio carolingio adoptó el Filioque como parte de su ortodoxia. Concilios locales, como el de Fréjus (796/797) y el de Aquisgrán (809), defendieron su uso contra el adopcionismo, una herejía que negaba la filiación divina eterna de Cristo. Teólogos como Alcuino de York y Paulino de Aquilea argumentaron que la cláusula preservaba la igualdad entre el Padre y el Hijo.


Sin embargo, la oposición oriental se intensificó. En 867, el patriarca Focio de Constantinopla convocó un sínodo que condenó el Filioque como herético, acusando a Occidente de introducir una “innovación” no autorizada. Focio argumentó que la procesión del Espíritu “solo del Padre” (ἐκ μόνου τοῦ Πατρός) era esencial para mantener la monarquía divina del Padre en la Trinidad. Esta disputa, conocida como la controversia fociana, profundizó el cisma entre Roma y Constantinopla.


Intentos de reconciliación en los concilios ecuménicos


Segundo Concilio de Lyon (1274)


En un esfuerzo por restaurar la unidad, el Segundo Concilio de Lyon aceptó temporalmente el Filioque. El emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo, buscando apoyo militar contra los turcos, accedió a una fórmula de compromiso: se reconocía que el Espíritu procedía “del Padre y del Hijo como de un solo principio”. Los delegados griegos, incluido el patriarca José I, cantaron el Credo con la cláusula, pero la mayoría del clero y pueblo bizantino rechazaron el acuerdo, especialmente tras la muerte de Miguel VIII.


Concilio de Florencia (1439)


El Concilio de Florencia representó el último intento medieval de unificación. Tras largos debates, los teólogos griegos aceptaron la doctrina del Filioque bajo el argumento de que los santos latinos y griegos, aunque usaban expresiones diferentes, compartían la misma fe. La bula Laetentur Caeli (1439) incorporó la cláusula, pero la firma del acuerdo por parte del patriarca José II y el emperador Juan VIII no logró superar la resistencia popular en Bizancio. Marcos de Éfeso, único obispo que se negó a firmar, se convirtió en símbolo de la oposición ortodoxa.


Consecuencias y legado


La inclusión del Filioque en el Credo occidental fue formalizada definitivamente en Roma en 1014 bajo el papa Benedicto VIII, quien la adoptó bajo presión del emperador Enrique II. Este acto consolidó la divergencia litúrgica y doctrinal entre Oriente y Occidente, contribuyendo al Gran Cisma de 1054.


Para la Iglesia ortodoxa, el Filioque sigue siendo una desviación herética, ya que viola el principio establecido en el Concilio de Éfeso (431) que prohibía añadir o quitar elementos al Credo sin consentimiento ecuménico. En contraste, la Iglesia católica lo considera una desarrollo legítimo de la doctrina trinitaria, respaldado por figuras como Agustín de Hipona y Tomás de Aquino.



¿Entresijos cismáticos?


Para entender mejor como se produce esta separación del cristianismo en dos iglesias, hasta ahora irreductibles, seguiré como se formó el Patriarcado de Moscú en el capítulo 9. 


Pero antes de seguir con las aventuras y desventuras de la Iglesia, en el próximo capítulo, haremos un apartado para describir como en el desarrollo impetuoso del cristianismo cayó un rayo que deshizo muchos planes y cambió la vida, entre otros, a los habitantes de nuestra península: el Islam. 




Final Parte 6ª



6 Bibliografía


05EDR Mircea Eliade y ioan P. Couliano Diccionario de las Religiones Paidós. Orientaliza


5IAP Perplexity (Inteligencia Artificial. IA)


05ECP Bart D. Erman Cristianismos Perdidos. Los credos perdidos del Nuevo Testamento Ed. Ares y Mares


1HDC Tom Holland Dominio. Una nueva historia del cristianismo Ed. Ático de los Libros 2020 (Dominion: The Making of the Western Mind. 2019)


0JHO Philip Jenkis La Historia Olvidada del Cristianismo Ed. Sígueme


1SCE Klaus Schatz Los Concilios Ecuménicos. Encrucijadas en la historia de la Iglesia Ed. Trotta 1999 (Allgemeine Konzilien. Brennpunkte der Kirchengeschichte. 1997


0CLD Javier Cercas El Loco de Dios en el Fin del Mundo Random House 2025


1NLP John Julius Norwich Los Papas. Una historia


0MGC Jean Meyer La Gran Controversia. Las iglesias católica y ortodoxa de los orígenes a nuestros días Tusquets 2006


AHORA AL CAPÍTULO 6:https://brigantinus.blogspot.com/2025/10/cap-6-una-historia-natural-de-algunos.html?view=flipcard


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